Septiembre amarillo

UN CAFÉ SOLO

Publicado: 14 sep 2026 - 05:50
Sonia Torres
Sonia Torres | La Región

Ya no le digo a nadie cómo pesa la tristeza que se adueña de mí cada día, restándome espacio para respirar sin esfuerzo. No cuento que apenas puedo levantarme de la cama porque no me queda ni un hilo de fuerza. Ya no grito ni susurro, ni pido ayuda, ni lloro en público, ni me lamento. No quiero que me vean de verdad y que los demás sufran por mí. No puedo sostener las miradas aturdidas de desconcierto y miedo. Mucho menos las de la sospecha sobre qué hay de cierto en los terrores que me habitan. Elijo fingir, sonreír y pelearme en soledad con los fantasmas de la culpabilidad que me dicen que tengo que esforzarme, que peores cosas hay en el mundo. Así que miento mientras me desdibujo”.

Estos son algunos de los pensamientos que podrían intuirse en las imágenes reales que expone la iniciativa “La última foto”, dirigida por Santiago Zannou, sobre el antes más inmediato de personas que posteriormente murieron por suicidio. Ríen, bailan, juegan, bromean, apagan las velas del último cumpleaños, abrazan y besan. Y nadie intuye nada hasta que llega el negro definitivo.

Estamos en el septiembre amarillo, campaña de la OMS para la Prevención del Suicidio. Dicen los datos provisionales del Ministerio de Sanidad que el número de suicidios se redujo en 2025 por tercer año consecutivo, aun así fueron 3.808. No tengo conocimientos suficientes para analizar con rigor causas, ni para señalar estrategias de prevención. Pero conozco el gran abismo que se abre para siempre a los pies de quienes se quedan, las preguntas que necesitan respuestas que nunca llegan, las culpas que se pegan en la piel y el permanente y dañino susurro de “y si yo…”.

Tal vez no hemos avanzado tanto como queremos creer

Tal vez no hemos avanzado tanto como queremos creer. Hablar más de salud mental no es útil si no se hace bien y no va de la mano de medidas efectivas.

De poco sirve que caras conocidas hablen de ella si la mayoría de las personas teme que su diagnóstico se mire con recelo, que su baja laboral esté bajo sospecha, que escuche cómo se las señala como vagas, débiles e incapaces de enfrentarse a la presión, y que no puedan permitirse parar ni un día para coger aire.

No habremos mejorado tanto si acudir a terapia significa desembolsar un dinero que no hay o esperar meses para una cita con un profesional que no podrá hacer un buen seguimiento para saber si avanzas. No estaremos mejor mientras tengan éxito gurús que acusan al enfermo de no hacer nada para sentirse bien. No habremos avanzado mientras haya quien elija bailar y sonreír para fingir que todo va bien al tiempo que ya no puede sostenerse ni para pedir ayuda. Queda un largo camino. (024: Teléfono de atención a la conducta suicida).

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