Miguel Michinel
TITNA DE VERANO
Siete vidas
TITNA DE VERANO
Cuentan que María Antonieta planeaba escapar de la guillotina huyendo a América y que, preparando su fuga, habría confiado sus enseres al capitán Samuel Clough, cuyo barco debía llevarla hacia Wiscasset, en Maine. Entre las pertenencias que presuntamente embarcó constaban seis gatos de pelo largo, angoras turcos. La reina no pudo escapar al final, siendo detenida y ejecutada en 1793. Pero, según el relato, los gatos sí llegaron a Maine.
Es una de las múltiples leyendas que giran en torno a los “Maine Coon”, una de las razas naturales de gato más antiguas de Norteamérica, cuyo origen exacto no está documentado. Es, quizás, el felino doméstico que más recuerda a un animal salvaje. Sus orejas con mechones, su cabeza alargada, su enorme gorguera alrededor del cuello y, en especial, su cola semejante a una pluma le dan una apariencia majestuosa, como de lince.
La semana pasada se hacía eco este periódico de la inauguración, en la galería Visol, de una exposición colectiva de pintura, bajo el título de “Siete vidas”, dedicada en exclusiva a los gatos. Cualquiera que pasee por la céntrica calle Santo Domingo lo percibirá sin dificultad, dado el gran tamaño del cuadro que cuelga en el escaparate, representando, precisamente, un “Maine Coon”, cuyo autor, Elías Salas, ha sabido captar en todo su magnético esplendor.
Se dice que los gatos tienen siete vidas porque, desde muy antiguo, se ha observado que parecen escapar de situaciones en las que otros animales resultarían gravemente heridos; aunque, como es obvio, la frase mezcla observación real con simbolismo y superstición. Por otra parte, en el mundo anglosajón no son siete vidas, sino nueve, tal y como le recordaba Mercucio al gato de Tybalt en el Romeo y Julieta de Shakespeare.
Lo más probable es que la creencia se transmitiera oralmente
Lo más probable es que la creencia se transmitiera oralmente y que cada tradición cultural la adaptara a su propio número simbólico. En este sentido, cabe señalar que el siete es un número muy cargado de significado en la tradición europea y cristiana: siete días de la semana, siete planetas clásicos, siete pecados capitales, siete virtudes, etc. Por eso es plausible que acabara asociado a una criatura considerada misteriosa y difícil de matar.
Popular serie de televisión aparte, en nuestro país, allá por el siglo XVII, el conde de Villamediana también utilizó la expresión en una de sus célebres sátiras políticas: “Por gozar más largamente/ de la hacienda mal ganada,/ la vida gatuna amada/ deseaban noblemente;/ porque dijo un pretendiente/ que siete vidas tenían/ los gatos, y así venían/ a pretender con reposo/ este bocado sabroso,/ pues sus uñas lo pedían”.
Villamediana reutiliza la metáfora animal para aplicarla a los malos gobernantes. El gato representa en ella al político que roba y depreda, cuyas uñas son los instrumentos para apropiarse de lo que no le pertenece. Quiere ser gato porque, gracias a esas siete vidas, podrá sobrevivir a todo y seguir disfrutando de su ilícita riqueza el mayor tiempo posible, además de ser capaz de resistir a los cambios políticos.
La Revolución Francesa no estalló en 1789 por una sola causa. Fue el resultado de años de acumulación de problemas, hasta que la población se hartó de aceptar un sistema que consideraba injusto, llegando al extremo de guillotinar a sus malos gobernantes, María Antonieta incluida. Solo se salvaron sus gatos, que llegaron al Estado de Maine, quizás origen del felino así llamado que hoy se puede admirar en un escaparate de la ciudad.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Miguel Michinel
TITNA DE VERANO
Siete vidas
Chito Rivas
PINGAS DE ORBALLO
Dous días
Luís Celeiro
TÍA MANUELA
Os dereitos de todos
Jenaro Castro
MORRIÑA.COM
La ley de nietos
Lo último
La Región
Soliloquio luctuoso
La Región
CARTAS AL DIRECTOR
¿Quién dice la verdad?
AYUDAS ESTATALES
El PP reclama los fondos para zonas de vivienda tensionada