Trump, en elefante y con megáfono

DÍAS Y COPLAS

Publicado: 08 ene 2026 - 01:05

Pilar Falcón
Pilar Falcón | La Región

2026 empieza con más valoraciones de ironía que de incienso. Los Reyes Magos han anunciado que este año quieren modernizar el cotarro. Melchor ha cambiado el pergamino por una Tablet y ha abierto un canal de incidencias; Gaspar ha instalado un GPS porque lo de seguir estrellas está muy bien, pero a veces hay nubes y ha pedido un curso acelerado de apps; y Baltasar ha propuesto un sistema de reparto más eficiente para evitar atascos de camellos en las calles estrechas proponiendo digitalizar la carta tradicional. La magia sigue funcionando sin Wifi.

Han dejado caer, como fruta pasada de temporada, a un maduro narcodictador envuelto con manto del 12 de octubre. El temporal remueve el planeta y España se estira como chicle, los que colaboraron desde tiempos de Chaves y desde los partidos políticos defendiendo sus maniobras y aplaudiendo con Rusia, Irán y China y los que dan gracias al cielo evidenciando la realidad del día a día con empresas expropiadas, presos políticos, miseria y muerte. Estos esperan que se empiece a contribuir a la economía de los venezolanos sin saquear recursos naturales y humanos. Un expolio que termine pronto. Venezuela suspira con la prudencia del que sabe que los regalos de los gringos nunca vienen sin instrucciones y cláusulas.

La puerta Venezuela no conseguía abrirse hasta que Trump la ha derribado como si fuera un elefante llegando a la adoración del Niño.

La Venezuela de 26 años de mal vivir pide que el Niño Jesús traiga algo más que carbón y que, si hay que cambiar de manos, al menos no sea para que la rapiña pase de acento caribeño a texano.

En medio de ese belén geopolítico aparece la frase que ha hecho historia: “Yo me haré cargo de Venezuela”. Ondea al viento como si fuera el eslogan de una campaña celestial, es el equivalente diplomático a entrar en un portal de Belén y anunciar que uno va a reorganizar el pesebre por su cuenta.

Lo cierto es que Estados Unidos ha demostrado, una vez más, que puede neutralizar a un jefe de Estado en menos horas de las que tarda un roscón en secarse. Y, de paso, ha dejado claro que España y Europa pintan menos que el pastor despistado del belén que nadie sabe dónde colocar. Esa prepotencia americana da seguridad a quienes están a favor y reduce a figurita de barro a quienes no lo están. La puerta Venezuela no conseguía abrirse hasta que Trump la ha derribado como si fuera un elefante llegando a la adoración del Niño. Este año Trump no ha traído oro, ni incienso ni mirra. Ha regalado terremotos diplomáticos y un portazo transatlántico que ha resonado hasta en la noche de San Juan. Una noche que empieza a tener purificación, hoguera y limpieza general, de las que dejan olor a nuevo.

Y así, entre camellos, elefantes, y regalos que pesan más que un saco de carbón, queda claro que en esta Navidad cada cual adora al Niño como puede. Trump lo ha hecho sin competencia, sin pudor y sin necesidad de estrella porque le basta con su propio foco. Entre tanto movimiento celestial, el verdadero milagro navideño no es la caída del dictador tropical, sino el chivatazo anónimo que cobró la recompensa por capturar a Maduro antes de que el mismo Trump se proclamara Rey de reyes. Dicen que en Washington aún buscan al autor del soplo, que dejó una nota escrita con rotulador dorado: “Lo encontré yo primero, estaba adorando al Niño sin competencia. Pasen la recompensa por Bizum¨. Una escena digna de un belén moderno, con más agentes federales que pastores y un portal donde la estrella guía es un foco de rueda de prensa en el Air Force One.

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