Xaime Calviño
LA PREGUNTA DEL DÍA
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Después de recibir un pautado cóctel letal de medicamentos, sedada, tranquila, con todas las de la ley, Noelia (25 años) se fue el jueves por la tarde por libre y consciente decisión propia. Descanse en paz.
Cuatro años han pasado desde que esta joven catalana quedó parapléjica en un fallido intento de suicidio. Dos años desde que, contra del parecer del padre, reclamase su derecho a una muerte digna ante la Comisión de Garantías y Evaluación de Cataluña. Lo obtuvo por unanimidad. Decisión ratificada luego en sede judicial, donde se negó al padre legitimidad para actuar en nombre de su hija.
Portazo al padre, representado por la asociación de Abogados Cristianos, también en ante el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, que dio luz verde a la decisión judicial al amparo de la Ley Orgánica de Regulación de la Eutanasia (LORE), publicada en el BOE en junio de 2021. Y así hasta el Tribunal Constitucional, que en febrero de este año rechazó por unanimidad el recurso de amparo del padre. Lo mismo que hizo el pasado 10 de marzo el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.
¿Cómo afrontar el drama de una mujer abocada a pleitear en los tribunales con su padre por la cerrada oposición de este a una decisión judicial con respaldo del TC y del TEDH?
El caso de Noelia Castillo tiene connotaciones morales, en relación con su desdichada vida, que no dejan indiferente a nadie. En el origen, trastornos psicológicos por el divorcio de sus padres cuando solo tenía 13 años y acabó tutelada por la Generalitat. Luego, una violación grupal que la indujo al intento de quitarse la vida (se arrojó desde un quinto piso en octubre de 2022). Quedó parapléjica y condenada a vivir en una residencia de Sant Pere de Ribes (Barcelona) entre dolores insoportables.
¿Cómo afrontar el drama de una mujer abocada a pleitear en los tribunales con su padre por la cerrada oposición de este a una decisión judicial con respaldo del TC y del TEDH? Con respeto, con infinito respeto al derecho de cualquier ser humano a una muerte digna, por encima del fuero de cualquier otra institución. Mejor si el derecho está legalmente regulado, a fin de evitar la banalización de éste y, sobre todo, para proteger la participación de terceros (básicamente, facultativos médicos).
No hay otra respuesta al drama de fondo. Eso me lleva a discrepar de quienes lo reducen a una perversa acción del Estado contra la familia de Noelia. “El Estado quita una hija a sus padres”, dicen. Lo cual proyecta una especie de disputa entre el Estado y la familia sobre la vida de Noelia. Como si fuese una propiedad privada de esta o aquella institución.
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