Luis Carlos de la Peña
CAMPO DO DESAFÍO
Una visita reparadora
CAMPO DO DESAFÍO
La estancia de Felipe VI y Letizia en Ceuta y Melilla ha tenido el valor de la reparación de un desentendimiento inédito, entre la roca madre del Estado, básicamente representado por su Gobierno, y una parte del territorio nacional. Porque lo sucedido los días 30 y 31 de julio fue el evidente ensayo de un desafío a la soberanía territorial de España en ambas ciudades. Los nuevos y escandalosos datos que se van conociendo, caso de las embarcaciones militares marroquíes en aguas españolas durante las mismas fechas, acentúan el ya de por sí increíble asalto de miles de civiles a la ciudad, en la práctica, abandonada a su suerte.
A medida que transcurre el tiempo y vamos conociendo más detalles de lo que se sabía
El rey Felipe VI ha sido quien, a lo largo de esta crisis, ha mantenido una actitud firme, constante y próxima a la angustia vivida por la población ceutí y, en general, española. A medida que transcurre el tiempo y vamos conociendo más detalles de lo que se sabía, de lo que se informaba y estaba sucediendo en el entorno de Ceuta, también de Melilla, menos explicable es la actitud del Gobierno español en su conjunto y, cuanto más, la del presidente a su cabeza. Es asombroso que, con la información existente, las imágenes servidas y el estado de shock en que se sumergió la población ceutí, Pedro Sánchez se refugiara en la blindada intimidad de su retiro vacacional. Todo ello después de calificar con acierto el asalto masivo como una “violación de la integridad nacional”.
Como en otras ocasiones, caso del discurso en televisión tras los sucesos del “procés” en 2017, la presencia en Valencia tras la dana o la misma reunión con la cúpula del Ejército y la ministra Robles motivada por los acontecimientos de Ceuta, la actitud del rey ha planteado interrogantes sobre los límites de sus responsabilidades constitucionales y la relación con el presidente del Gobierno. Cuestiones que precisarían ser reexaminadas al objeto de evitar futuras fricciones con el Gobierno de turno o el equívoco creado en la sociedad al respecto de las auténticas funciones de su monarquía.
La crisis de Ceuta está dejando -lo sigue haciendo- en muy mal lugar a ministerios clave como Exteriores, Interior o Defensa, que solo encuentran justificación en el acatamiento a las directrices de la presidencia del Gobierno. En todo caso, la población de Ceuta y Melilla, como la del resto de España, no olvidará la extraña actitud con que Pedro Sánchez ha decidido atender el más grave desafío que el Estado ha encarado desde la Marcha Verde de 1975 o el desafío soberanista catalán del ya citado 2017. El rey, en esta ocasión, ha llevado un bálsamo reparador a dos ciudades que, con razón, se han sentido abandonadas a su suerte.
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