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NUEVA OURENSANÍA
El camino que ha traído a Anastasia Bobrova hasta las orillas del Miño comenzó en la gélida y distante Moscú de 1999. Poseedora de una curiosidad intelectual que la llevó a las aulas de la Universidad Estatal Social de Rusia, se graduó en Lingüística y Traducción, dominando lenguas como el inglés, el francés y el coreano. Sin embargo, la inestabilidad de un mundo convulso la obligó a reescribir su destino.
“Me mudé a España cuando tenía 23 años con mi marido. Era una situación muy inestable y preferimos cambiar de vida y empezar desde cero”, explica Anastasia al recordar aquel salto al vacío que la llevó primero a Barcelona, sin conocer entonces ni una sola palabra de castellano.
Mientras estudiaba en la universidad, Anastasia descubrió que sus manos tenían un talento distinto al de la traducción: la estética de alta gama. Lo que empezó como una forma de costear sus estudios se convirtió en su profesión. En Rusia, trabajó en prestigiosas cadenas de salones de Moscú, perfeccionando una técnica que hoy es su sello de identidad.
Al llegar a Barcelona, su destreza pronto la catapultó a centros de lujo donde atendía a las esposas de los jugadores del FC Barcelona. “Poco a poco subí el nivel; trabajé en salones españoles con las chicas más famosas, pero buscaba algo más auténtico”, confiesa sobre su etapa en la ciudad condal.
Tras un periodo de idas y venidas entre Cataluña y Galicia, Anastasia y su esposo encontraron en Ourense el refugio definitivo en julio de 2025. “Elegí esta ciudad porque la vida es mucho más real aquí. En las metrópolis solo hay prisa por ganar dinero y te olvidas de vivir”, apunta con convicción.
En el Casco Vello de Ourense encontró una energía que la cautivó. Su integración ha sido tal que incluso ha hecho suyo el sentimiento más profundo de esta tierra: “La primera palabra que aprendí en gallego fue ‘morriña’”, confiesa con una sonrisa. “Es lo que siento en mi alma al pensar en mis amigos y en mi país”.
Desde diciembre, Anastasia colabora con Zenit Clinic bajo su propia marca, CreuNails, donde ha introducido la manicura y pedicura rusa, una técnica prácticamente inédita por su nivel de detalle en la provincia.
“Es un sistema muy profundo, limpio y sin dolor. Utilizo materiales de alta calidad y herramientas de alta gama para dar un servicio premium”, explica sobre su método, que requiere entre 90 y 120 minutos de precisión quirúrgica.
Pero su ambición no se detiene en el servicio al cliente; Anastasia ha comenzado a impartir cursos de formación. “Doy clases desde cero y ver que mis alumnas encuentran trabajo después de aprender conmigo es algo que me hace sentir muy contenta”.
A pesar de las complejidades burocráticas de ser autónoma en España, Anastasia encara el futuro con optimismo. Entre cita y cita, dedica horas a grabar contenido para sus más de dos mil seguidores en redes sociales, compartiendo “lifehacks” y diseños que son tendencia en TikTok e Instagram.
Con la mirada puesta en abrir su propio estudio y el paladar ya acostumbrado al “pulpo a feira”, esta moscovita de talento políglota parece haber encontrado en la paz ourensana el lienzo perfecto para seguir creciendo. “Aquí la vida es mejor”, concluye Anastasia, la mujer que cambió las letras por el pincel de manicurista.
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