La “lotería” de haber apostado por la IA antes de su estallido

PRIMERA PROMOCIÓN DE GRADUADOS

Ventura Ruibal es parte de la primera promoción de graduados en Inteligencia Artificial del Campus de Ourense. Tras haber vivido la irrupción de ChatGPT en clase, trabaja como ingeniero de datos para Inditex.

Ventura Ruibal, graduado en Inteligencia Artificial.
Ventura Ruibal, graduado en Inteligencia Artificial.

Ventura Ruibal forma parte de la primera promoción de graduados en Inteligencia Artificial del Campus de Ourense. Finalizó sus estudios en julio y, desde ese mismo momento, trabaja como ingeniero de datos para Inditex, a la vez que cursa un máster en visión por computador.

Hoy en día la IA está en boca de todos, pero cuando este joven tuvo que elegir su camino universitario el gran estallido tecnológico aún no se había producido. Decantarse por esta titulación fue “un poco como la lotería”. Visto con perspectiva, parece que le tocó el gordo.

Fue precisamente en las aulas donde vivió en primera persona la gran revolución del sector. Durante su segundo año, la irrupción mundial de ChatGPT obligó al ecosistema educativo a adaptarse a marchas forzadas. “Al principio estaban un poco negacionistas con el tema de usarlo para hacer trabajos”, recuerda sobre la reacción inicial de los docentes. Al tratarse de un grado centrado precisamente en esta tecnología, los profesores pedían prescindir de ella mientras aprendían las bases de la programación. En este sentido, recalca que hay que separar “la IA generativa, como los chatbots de ChatGPT, de lo que sería mi carrera de IA que en gran parte son aplicaciones que se usan desde hace mucho tiempo”.

Con el título en la mano, partió con ventaja en un mundo laboral en el que esta herramienta se ha vuelto protagonista. Muchos creen que la saben dominar, sin embargo, Ventura puede demostrarlo. En Inditex, su labor pasa por “transformar el dato en bruto en información clara y estructurada, apoyando al área de marketing con reportes y análisis de ventas”, además de “participar en el desarrollo de aplicaciones tradicionales y con IA”.

Más allá de la gestión de los datos, su interés técnico apunta hacia la visión por computador, disciplina en la que se está especializando, aunque ya cuenta con alguna experiencia en la materia. Durante la carrera formó parte de Auria Technologies (equipo de Formula Student de la UVigo), integrándose en el departamento encargado de desarrollar un vehículo de competición completamente autónomo. “Me dedicaba a lo que el coche veía con la cámara: reconocía los conos, trazaba la ruta y reaccionaba”, detalla. Aquella inmersión en dotar de “ojos” al coche no solo inspiró su Trabajo de Fin de Grado (TFG), sino que definió un poco su vocación: “El campo de la visión es el que más me gustaba, por eso decidí hacer el máster”.

De cara al futuro, Ruibal anticipa un entorno en el que la interacción tecnológica se simplificará mediante lenguaje natural, permitiendo realizar tareas cotidianas con simples comandos de voz. “Tú simplemente le dirás ‘cómprame esta ropa’ o le pedirás lo que necesitas con la voz y el asistente se encargará de todo el proceso”, asume.

Tampoco rehúye debates como el temor generalizado a que las máquinas terminen por desplazar a los programadores. Para él, la codificación automatizada ya es una realidad palpable: “Hay IAs a las que tú le pides un videojuego de naves, lo dejas 24 horas y él solo se crea sus archivos y hace toda la estructura”. Aunque la innovación genuina todavía exige criterio y supervisión humana, Ruibal tiene claro que el rol del desarrollador tradicional ha cambiado de forma irreversible.

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