Las caídas superan a los accidentes de tráfico en lesiones medulares en Ourense

Las caídas causan ya más lesiones medulares que el tráfico o el baño. La Unidad de Lesionados Medulares del CHUAC recibe 100 pacientes al año por traumatismos en casa, en carretera o en agua

Las caídas en casa o en el rural causan la mitad de las lesiones medulares.
Las caídas en casa o en el rural causan la mitad de las lesiones medulares. | Martiño Pinal

Los expertos recuerdan lo caro que puede resultar un segundo. Un traspiés a una altura no calculada, un despiste al volante o una entrada al agua, ya sea de cabeza o a la carrera, y todo cambia. En la Unidad de Lesionados Medulares (ULM) del Complejo Hospitalario Universitario de A Coruña (CHUAC) conviven con el coste vital que conllevan algunos accidentes, acciones impulsivas o decisiones imprudentes. Este centro se erige como referente para toda Galicia, hacia donde se derivan los casos de daño en la médula espinal provocados por cualquier tipo de traumatismo, “tanto para una atención inicial, en la fase aguda, como para un tratamiento integral de por vida”, explica el doctor Antonio Montoto, especialista en Medicina Física y Rehabilitación.

En sus instalaciones reciben a alrededor de cien nuevos pacientes al año. Los datos de las tetraplejias o paraplejias registradas en Galicia reflejan que, en las últimas dos décadas, el perfil del paciente ha cambiado de manera radical. Anteriormente, la mitad de los pacientes provenía de accidentes de tráfico y respondía a un perfil joven. En la actualidad, la carretera ha pasado a ser la segunda causa de lesión medular traumática, suponiendo el 25% de los ingresos. “Esta disminución que se debe a la implantación del carné por puntos en 2006, al endurecimiento de las sanciones por conducir bajo los efectos del alcohol y el cambio sociológico a la hora de salir de fiesta, ahora los jóvenes se organizan de otro modo para salir de fiesta”, explica el doctor Montoto.

Por el contrario, el progresivo envejecimiento demográfico ha provocado que más de la mitad de los ingresos en esta unidad corresponda a personas mayores de 45 años, e incluso de 65, víctimas de caídas y precipitaciones casuales. Desde la propia unidad apuntan que “son más frecuentes las caídas en el medio rural, en el manejo de tractores o al usar escaleras en mal estado, lesiones tras intentos de suicidio y en el sector de la construcción, aunque en menor medida porque hay menos actividad”.

El tercer grupo es el de pacientes con traumatismos por “malas zambullidas”. El pronóstico es dramático: “Introducirse al agua con al cabeza por delante multiplica que se produzca una lesión en las vértebras del cuello. El resultado más frecuente es una tetraplejia irreversible, con pérdida total o parcial de la movilidad y sensibilidad en brazos y piernas”, alerta Montoto.

Con cabeza sí, de cabeza no

Estas “zambullidas fatales”, junto con caídas en bicicletas y algunas otras prácticas de riesgo, tienen poca prevalencia, según las estadísticas que maneja la Unidad de Lesión Medular, pero cuando se dan son terribles. “Son infrecuentes, afortunadamente. Tratamos entre tres o cuatro casos al año, pero sus secuelas son drásticas e irreversibles”, explica. Afortunadamente, en lo que va de año no se ha sumado ningún paciente de este tipo, pero los expertos recuerdan que no hay que bajar la guardia: queda mucho verano por delante y los chapuzones suponen un auténtico disparador de adrenalina.

El perfil habitual del lesionado en el agua responde a un varón y joven, de entre 15 y 45 años. “No recuerdo a ninguna chica en 35 años de profesión”, destaca el doctor Montoto que insiste en que no se debe pensar que estos accidentes suceden únicamente en parajes rocambolescos: “Entrar a la carrera contra la ola y golpear con la cabeza en la arena es bastante habitual”.

Al revisar las fotos publicadas por este periódico, en las que varios jóvenes saltan al río Miño desde el Puente Viejo, los expertos señalan un factor neurológico: la dopamina llama a más dopamina. Desde la ULM conciencian del peligro y no descartan que “pueda influir la era digital en al que nos movemos”. Aunque no está documentado formalmente todavía, Montoto sugiere que el “postureo” y la tendencia de grabarlo todo con el teléfono móvil para difundir esas hazañas a través de las redes sociales sí podrían estar fomentando estas prácticas. Este apunte coincide con la neuróloga Frances E. Jensen, que en su libro “El cerebro adolescente” recoge que el principal indicador de la conducta en estas edades no es la no percepción de peligro sino la previsión de recompensa a pesar del riesgo. Los jóvenes aún no han experimentado “las consecuencias negativas de actos arriesgados y tienden a repetirlos, precisamente para obtener más gratificación”, asegura. Los expertos piden cautela ante acciones que combinan cierta impulsividad, desinhibición o exhibicionismo, y también la mala suerte que, en ocasiones, reclama su protagonismo recordando la importancia de estar a la altura de los ojos de los demás.

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