La IA invade el correo: solo el 13% de los emails son escritos por humanos

MASIFICACIÓN EN BANDEJAS DE ENTRADA

La automatización y la IA han hecho el email más rápido y eficiente, pero también más impersonal y saturado. El reto ahora es usar estas herramientas sin perder una comunicación útil y cercana.

El correo electrónico se ha convertido en un archivo temporal cada vez complicado de gestionar.
El correo electrónico se ha convertido en un archivo temporal cada vez complicado de gestionar. | Europa Press

La automatización del correo electrónico ya no es el futuro: es el presente. El cambio en la comunicación digital en los últimos años, especialmente por el uso de programas de gestión de correos masivos y la aplicación de inteligencia artificial, han cambiado la manera de comunicarnos a través del tradicional “email”.

Según un informe de la empresa de gestión digital Hostinger, solo el 13% de estos correos electrónicos que circulan en el mundo están escritos por personas. El resto, un abrumador 87%, son mensajes automatizados.

Por un lado, esta situación tiene ventajas claras. Automatizar correos permite a las empresas ahorrar tiempo y recursos, enviando mensajes de forma rápida y a gran escala. Por ejemplo, en atención al cliente, los sistemas automáticos pueden responder al instante a dudas frecuentes, confirmar pedidos o gestionar incidencias básicas. Esto mejora la rapidez y los mensajes pueden adaptarse mejor a cada usuario.

El problema que perciben las empresas con sus correos enviados no es si el usuario los abre, sino si sigue queriendo recibirlos

Pero no todo es positivo. El propio informe de Hostinger señala que más de la mitad de los correos (un 56%) ni siquiera llega a la bandeja de entrada, ya que se bloquean por sospechosos o irrelevantes. Esto refleja un problema evidente: hay demasiados “emails”. Como consecuencia, muchos usuarios sienten que su bandeja de entrada está saturada, llena de promociones, alertas y notificaciones constantes, por lo que se les presta menos atención.

Otro inconveniente es la falta de cercanía. Aunque los correos estén bien diseñados, muchas veces se nota que no hay una persona detrás. En atención al cliente, esto puede ser frustrante. Además, las empresas siguen midiendo el éxito con datos como clics o aperturas, que ya no reflejan del todo la realidad. La cuestión no es solo si alguien abre un correo, sino si realmente le interesa.

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