Cepedelo: un caldo de gran altura

III FESTA DO CALDO

La aldea de Cepedelo, en Viana do Bolo, celebró la tercera edición de su “Festa do Caldo”. El evento congregó a más de 500 personas en un enclave donde a diario no residen más de 8 vecinos, un hito que pone de manifiesto el poder de la unión.

Vecinas de Cepedelo preparando el caldo que degustarán cientos de personas.
Vecinas de Cepedelo preparando el caldo que degustarán cientos de personas. | C.C.

“Abrir las puertas de la aldea al resto del mundo” es el objetivo de Cepedelo, la aldea habitada más alta de Galicia, que ayer volvió a convertirse en punto de encuentro con la celebración de la III edición de su Fiesta del Caldo.

Una jornada especialmente significativa para sus vecinos, que buscan poner en valor las tradiciones, la gastronomía y el patrimonio de este pequeño núcleo de montaña, al tiempo que pretende dar a conocer Cepedelo más allá de sus límites y atraer visitantes interesados en descubrir su singularidad.

La fiesta se consolida así como una oportunidad para reivindicar la vida en la aldea y mantener vivas unas costumbres que forman parte de la identidad de la zona.

Este año fue especialmente significativo para Cepedelo, ya que la celebración de la III Festa do Caldo coincidió con la inauguración de una placa que reconoce oficialmente una de las principales singularidades de esta pequeña aldea: ser el núcleo habitado situado a mayor altitud de Galicia, a unos 1.350 metros sobre el nivel del mar.

El acto contó con la presencia de Xosé Manuel Merelles, director de la Axencia Turismo de Galicia; Cecilio Santalices, jefe del Área Provincial de Turismo en Ourense; Manuel Pardo Cid, delegado territorial de la Xunta de Galicia en Ourense; Germán García-Ávila, alcalde de Viana do Bolo, y Marcos Martínez, presidente del PP en Viana do Bolo.

Al frente de esta iniciativa se encuentra Rubén Gómez, uno de los vecinos que mantienen su vínculo con Cepedelo y regresan a la aldea “siempre que puede”. Y es que la realidad del pueblo cambia a lo largo del año: habitualmente apenas ocho personas residen en él de forma permanente, mientras que durante celebraciones como la Festa do Caldo puede llegar a reunir a unas 500 personas. Esto supone multiplicar por 62,5 su población habitual, un incremento del 6.150 %.

La fiesta se convierte así en mucho más que una celebración gastronómica: es una oportunidad para abrir Cepedelo al exterior, reivindicar su patrimonio y demostrar que, pese a su reducida población durante buena parte del año, la aldea mantiene una importante capacidad para reunir a vecinos y visitantes.

Durante los últimos días, el trabajo en la aldea ha sido intenso. Los vecinos han dedicado horas y esfuerzo a preparar cada detalle para que la Festa do Caldo salga a la perfección y, sobre todo, para mantener vivo el carácter tradicional de esta celebración. “Elaborar el pan de manera artesanal en su horno centenario, cocer los lacones, preparar las patatas y las berzas, colocar las mesas…”, explica Rubén, que destaca el compromiso de todos los vecinos con la fiesta.

En total, son alrededor de 40 personas las que forman parte de la asociación de vecinos, y cada una aporta su granito de arena. Las tareas se reparten entre todos para que, cuando llegue el día de la celebración, todo esté listo. Desde la preparación de los productos hasta la organización de los espacios y la atención a los visitantes, la Festa do Caldo es el resultado del trabajo colectivo de una comunidad que demuestra una enorme capacidad para organizarse y mantener sus tradiciones.

En la mesa, el caldo fue el gran protagonista, pero no estuvo solo. El menú se completó con productos tradicionales como el chorizo y el lacón, además de diferentes postres y el ya imprescindible chupito, en un auténtico festín gastronómico que permitió disfrutar a los asistentes de los sabores más tradicionales de la cocina gallega.

La jornada no se quedó únicamente en la gastronomía. La música tuvo un papel fundamental. La actuación del grupo De Boa Gana puso ritmo a la tarde, mientras que la Discomóvil Esmorga tomó el relevo y prolongó la fiesta hasta bien entrada la madrugada.

Con esta tercera edición, Cepedelo vuelve a demostrar que una pequeña aldea puede convertirse, por un día, en un gran punto de encuentro. La celebración se despide hasta el próximo año con la mirada puesta ya en 2027, momento en el que la localidad volverá a abrir sus puertas para reivindicar sus tradiciones, su gastronomía y su particular identidad como el pueblo habitado más alto de Galicia. Y, por supuesto, volverá a ser protagonista su particular “caldo de altura”.

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