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Agradecimiento al pueblo de Adamuz por su solidaridad
Amig@, Paz y Bien. Con agrado leí el obituario que José Carlos Fernández Otero escribió sobre don Jesús Morán González en La Región el día 10 de diciembre de 2021. Con gusto, y una leve sonrisa, analicé el artículo que sobre don Jesús escribió Fernando Ramos el día 14 en el mismo diario. Gracias a los dos
Conviví con don Jesús muchos años en A Coruña, cuando ejercía de profesor y, después, cuando disfrutaba como jubilado. Siempre lo aprecié y siempre me apreció, por eso, a un mes exacto de su muerte, me permito añadir dos pinceladas al bonito cuadro que sobre él pintaron José Carlos y Fernando.
Don Jesús nació en Laioso (Vilar de Santos) el 10 de abril de 1921. Recibió formación en la casa paterna y en la escuela del pueblo y, con los salesianos, en Astudillo (Palencia), Mohernando (Guadalajara) y Madrid. Y durante toda su vida, de joven y de anciano, cultivó la Teología, las Ciencias Naturales y la Lingua y Literatura Galegas. Participó en múltiples cursos y cursillos de esas tres ramas del saber. Desempeñó su apostolado en Vigo, Ourense y A Coruña y, muy pocos años, en Castilla. Don Jesús era gallego de trayectoria, mente, corazón e historia.
El 10 de abril de 2021, los salesianos de León celebraron una gran fiesta. Ese día hicieron con él lo que él hacía siempre con todos: sembrar flores y recoger fragancias, sembrar cariño y recoger amistad, sembrar sonrisas y recoger alegría, sembrar verdad y recoger confianza. Ese día recogió don Jesús la fragancia de una eucaristía por él presidida y por muchos salesianos concelebrada, la amistad de algunos coruñeses agradecidos, la alegría de abundantes postres ourensanos, la confianza de otras muchas personas que le querían.
Amig@, como buen hijo de Don Bosco, don Jesús hablaba siempre con el lenguaje del corazón. Día y noche, mañana y tarde, don Jesús se preocupaba por el progreso espiritual e intelectual de los muchachos de su colegio. En los recreos se le veía siempre en el patio; no practicaba ningún deporte más que el de escuchar, hablar y animar a todos. Y sabía que “si el Señor no construye la casa, los constructores trabajan en vano”, por eso cultivaba su espíritu con la oración y la devoción a María Auxiliadora. Don Jesús pasó haciendo el bien y sigue haciéndonos bien.
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