La Región
El valor didáctico de la historia
Diversos autores señalan el valor didáctico de la historia. Para algunos, como Nietzsche, la historia debe servir a la vida y no bloquearla. Para Bloch y Carrar, la historia debe servir para formar el pensamiento crítico. Otros opinan que no se debe abusar de ella.
La historia, sin duda, nos ofrece la ocasión de buscar referentes para la formación de los jóvenes. Se busca una justificación para no explicar la historia alegando el peligro de no volver a abrir heridas que ya creíamos cerradas. La historia nos ofrece la ocasión para contrastar lo que en realidad ha sucedido y de ahí sacar las consecuencias. Los hechos no deben enmascararse ni menos ocultarse.
Para hacer historia es conveniente distanciarse de los sucesos. El distanciarse en historia no significa alejarse en el tiempo, sino buscar el hecho histórico en sí y en sus circunstancias. Hacer historia en tiempos de indignación significa comprender a aquellos autores indignados y las causas de la misma. La tarea prácticamente irresoluble consiste en no dejarse entontecer ni por el poder de los otros ni por la propia impotencia.
La verdad se ha fundado siempre en dos pruebas: una prueba empírica (adecuación a la realidad) y una prueba teórica (coherencia del discurso). Hoy sabemos que las dos pruebas son imposibles por paradójicas. No podemos alcanzar la verdad, pero podemos perseguirla mediante una cascada infinita de recursividades. En el camino de la ciencia histórica, toda verdad es provisional, local y transitoria.
En el orden totalitario se pretende ser eterno. El capital busca fundar el hecho histórico y contingente de su dominación en una necesidad biológica. Un orden eterno no puede fundarse en verdades provisionales. Si la verdad no existe, hay que inventarla. Una verdad inventada es una verdad simulada, una verosimilitud.
La verosimilitud es una falsedad que parece verdad, pero que no lo es necesariamente. La historia es una ciencia encargada de producir una versión verosímil del orden social. Determinar la verosimilitud de personajes como Alonso Montero, Otero Pedrayo, Ramon Piñeiro, Albino Núñez Domínguez y otros es un trabajo de la didáctica de la historia para hacer verdad lo verosímil.
Moncho Ramos Requejo
(Ourense)
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