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Nuestro sistema de vida se ha organizado entorno a la Razón, que a su vez fundamenta la convivencia pacífica. A pesar de las matanzas de las guerras en el fondo se trata de una guerra cultural. Una guerra que quiere aplacar nuestro sistema de vida. Nuestra forma de pensar, de actuar, de amar, nuestra filosofía de vida, nuestra libertad. Los terroristas, también los estados terroristas no nos matan solo por el gusto de matarnos. Nos matan para doblarnos, para intimidarnos, para cansarnos. Su objetivo es destruir nuestra manera de pensar incorrecto. Para no acostumbrarse, para no resignarse, es necesaria la pasión. Pero aquí no se trata sólo de vivir. Aquí se trata de sobrevivir. Y para sobrevivir hace falta la fuerza de la Razón.
Hay dos maneras de abordar la Razón como consenso racional o como respuesta a la injusticia. No estamos ante platos diferentes de los que cada cual pueda disponer, sino ante teorías situadas, es decir planteamientos que obedecen a contextos históricos s específicos. La justicia como consenso racional sería propia de sociedades desarrolladas que han superado los umbrales inaceptables de miseria y que se han sacudido formas despóticas de gobierno. No por casualidad esas formas de consenso nacen en el Occidente rico después de la Segunda Guerra Mundial. Pero el mundo no se acaba ahí. Ese Occidente desarrollado convive con sociedades en desequilibrio dentro y fuera, en las que reina una desigualdad concreta. Lo que ahí manda es la exclusión de grandes masas de los beneficios y la marginación de las decisiones políticas. La reflexión sobre la racionalidad no podría darse en clave de consenso, pues faltan las condiciones y políticas para un lenguaje común, sino de muda interpelación desde la experiencia de la injusticia. El que sufre la injusticia no puede plantearse consenso, sino que exige respuestas ante los problemas planteados.
La justicia como el derecho es impensable sin el conflicto y lo que se espera de ella es que sepa dar a cada cual lo suyo. Que sepa hacerse con la racionalidad objetiva a través del dialogo y la mediación de las partes o echar mano de la “racionalidad” de la fuerza. Esta salida supone sufrimiento para aquellos que no tienen la capacidad de oponerse. Reclamar la justicia desde la injusticia frente al que tiene el poder es una tarea difícil
Hay que tomarse en serio el hecho y la significación teórica de la injusticia. Tomarse en serio el hecho significa ver en el desencadenante de la reflexión sobre el significado de la justicia. La injusticia es primera y esto tanto histórica como lógicamente. La injusticia in asumible; es utilizar la irracionalización del poder para hacernoslo ver como racional, como legitimo.
El invento jurídico de la Sociedad de Naciones obliga a un multirateralismo en la toma de decisiones. Cuando este principio se minusvalora no puedan resolverse en el marco de la ONU, Mantener la capacidad de veto es un hecho insostenible hoy. Pero en Tribunal Internacional tiene una función. Ha habido diversas iniciativas para fortalecer a la Comunidad Europea frente a otras organizaciones mundiales. El “servicio” de ayuda de los Estados Unidos se lo ha cobrado bien cobrado. Se ha apropiado de la capacidad de defensa militar e intelectual de Europa. La han empobrecido. Estados Unidos no ha renunciado a tener esclavos. Personas en España de distinta orientación política como Arancha González Laya, Piqué, Borrell, entre otros, matuvieron la tesis de construir una Europa alejada de la Influencia de EEUU. Para algunos una utopía para otros la necesidad de un proyecto político para liberarse de la esclavitud económica, intelectual y moral, EEUU. Comprender la fuerza de la razón frente a la “razón” de la furza puede ser un paso importante.
Moncho Ramos Requejo (Maceda)
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