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La sinrazón manda
Quizás creemos que vivimos en una sociedad madura. Con capacidad para resolver problemas difíciles De ilusiones también se vive. Pero no pocos pensamos que todavía le falta mucho tiempo y muchas decisiones acertadas, particularmente en el ámbito educativo, en la creación de referentes y estrategias adecuadas para conseguir los objetivos de desarrollo humanístico estable para que la humanidad adquiera un grado de madurez aceptable, en el que se imponga al determinismo de la naturaleza
El pasado siglo ha sido unos de los más violentos de la historia de la humanidad. Las instituciones emanadas de la Segunda Guerra Mundial para evitar otro conflicto similar se han deteriorado de tal forma que todo apunta a una ineficacia que con urgencia nos convoca a una revisión profunda del sistema. En algún momento se habló de la necesidad de refundar el sistema capitalista. El asunto no pasó de la mera manifestación de un hipotético deseo. Los ideólogos del momento todavía no lo han creído necesario. Lo que es un signo de inmadurez de adolescente.
Dos signos califican la psicología del adolescente; el aferrarse a una idea como si fuera un dogma y la inestabilidad emocional que le dificulta el análisis de la situación para adherirse inteligentemente a la opinión más razonable.
Lo que en otros tiempos se presentó como propio de un momento de la vida podemos generalizarlo. La adolescencia se extiende hoy hasta edades muy avanzadas, generando una sociedad inmadura, unos sujetos que exigen cada vez más de la vida pero entienden cada vez menos el mundo que les rodea. La opinión pública tiende a considerar la inmadurez deseable, incluso normal para un adulto. Como resultado, se generaliza una sensación de inutilidad, de profunda distorsión; quienes toman las decisiones cruciales suelen ser individuos con valores de adolescentes. Se pospone la cultara del análisis y de la reflexión, la cultura de la asunción de responsabilidades. Para sustituirlos se obra a impulsos, se busca lo espontáneo, el "prontismo"
En el discurso político se ha desterrado los debates sobre asuntos serios y preocupantes como el desempleo, la precariedad laboral. El desajuste entre educación y exigencias del sistema de producción de riqueza siguen sin abordarse en profundidad. El Estado moderno nacido con vocación de redistribución de riqueza y creación de bienestar para la mayoría de la población está herido de muerte. Nada de esto preocupa a los políticos adolescentes.
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