Pasó lo que pasó | Poca alegría en la casa del pobre

El análisis de lo que ha dado de sí la semana para la provincia de Ourense, con Antonio Nespereira

Varias personas de la tercera edad, en el parque de San Lázaro de la ciudad.
Varias personas de la tercera edad, en el parque de San Lázaro de la ciudad.

En el andén

Hubo jornadas de intensas precipitaciones esta semana en Ourense. Sin ir más lejos, en un par de días cayó sobre nuestra cabeza una manta de números que nos dejaron calados hasta los huesos, sin paraguas que aguante. Rompen los datos nuestro taoismo y recrudecen la convivencia del yin y el yan. En un día el Instituto Nacional de Estadística, que es como las Sagradas Escrituras, nos dice que la primavera demográfica vendrá antes que la de El Corte Inglés, gracias a los emigrantes. Pero al día siguiente, en otro versículo, nos afea que en un año chaparon 1.500 empresas en la provincia, si como tal tenemos que llamar a autónomos y sociedades sin apenas empleados. Qué poco duran las alegrías en la casa del pobre. El primer dato recogía que se ha ganado población después de 24 años escaleras abajo, gracias a los que ven en Ourense la Tierra Prometida. La provincia de infinitos recursos, plácida y longeva ejerce influjo sobre los que huyen de la pobreza, la falta de derechos o de servicios básicos en sus propios países. Esta vida es un andén: unos desde ultramar llegan esperanzados por amanecer abrigados por las oportunidades y se cruzan con los que de aquí huyen maldiciendo la tierra que les parió y a lo mejor les malcrió.

Por suerte

La justificación para la postración empresarial y el escaso espíritu emprendedor se suele razonar mirando para la ventanilla de la Administración. No hay ayudas suficientes, dicen los consultores y demás arúspices. Si no hay motivación para correr no hay sustancia dopante que haga ganar. Las gestas empresariales se hicieron con tesón, proyectos que se han tenido que modular tras los primeros fracasos y un caerse y levantarse continuamente. Las actitudes titánicas de echarse a la espalda las empresas aún levantan suspiros de admiración. Manuel Cibeira, empresario ourensano, ha salvado del cierre la marca Hiperxel. Independientemente de cómo evolucione el reto, nadie le quitará el mérito de intentarlo. Si le va mal siempre habrá un ourensano que le espete: “Esto xa o estaba vendo eu”. Y si triunfa: “Hai que ver, mira que ten sorte este tipo”.

Batallitas

Pero Ourense pierde 1.500 empresas en un año, la mayoría de autónomos, decía el titular que aguaba el optimismo demográfico del día anterior. Entre jubilaciones y cambio de paradigma económico, las esquelas empresariales crecen, señaladamente en el comercio. En el último ejercicio han dicho basta 194 firmas del sector. Si les apetece, sobre todo a sexagenarios (tengo amigos molestos por el calificativo) y aún a los más antiguos, hagan un recorrido por los apellidos y marcas comerciales ourensanos de los de toda la vida. A ver cuántos quedan o son capaces de recordar. Detrás de lo perdido no hay que correr, dice el refrán. El mercado ha cambiado y no todos tienen la misma vitalidad para aguantar el ritmo, de ahí que haya quien se eche a un lado. Cuanto más urge la unidad de acción no dejan de ser muy nostálgicas las batallitas que se gasta el gremio, libradas con floretes romos en las últimas elecciones de los empresarios, hace pocas semanas. Lo del leirismo mental, ya saben. El comercio se desangra y ellos libran batallas, al modo de la conjura y lamento de Rick Blaine e Ilsa Lund en Casablanca: “El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos” (mejor nos peleamos).

Prioridades

Por amor no se ejerce la prostitución. Una información destapaba la sordidez del oficio y desvelaba que casi 80 mujeres pidieron ayuda para dejar el trabajo sexual. El centro Alumar, que depende de Cáritas, canaliza estas peticiones. Una entidad privada, que depende de la Iglesia, echa el flotador y salva a muchas personas de la cara oculta de la vida. Los derechos quedan a merced de la burocracia y la insensibilidad de los mediocres, como se evidenció al día siguiente, al saberse que Ourense es la única ciudad gallega que renuncia a ayudas sociales. El Concello ni cursó la solicitud. Ese día, el alcalde Jácome, ciego de ira por librar sus batallitas, anunciaba que quería destituir al interventor para que no le controle las cuentas. Todavía hay prioridades.

El portafotos

María Barrera
María Barrera

María Barrera Aldemira es la jefa de la Policía Local del Concello de Ourense y está estrenando su sentencia que demuestra que fue objeto de acoso por parte de responsables políticos de la institución. El fallo judicial, susceptible de recurso, airea chulescas actuaciones censuradas en el texto. Ella expone en una entrevista en estas páginas lo mal que se lo han hecho pasar y el aguante que ha tenido que demostrar para mantener la dignidad.

Cuando estas diferencias se dirimen en los juzgados siempre dejan un poso de amargura incluso en quien gana, como es el caso. Ha sido mesurada en el desahogo, aun cuando podría pasar la rebarbadora. Si la sentencia no le favoreciese tengo pocas dudas sobre la reacción de la otra parte. Solo merece la pena, creo, recordar una vez más lo lamentable de una institución como el Concello de Ourense al tener que pasar por el juzgado para dar explicaciones sobre el trato dispensado a sus trabajadores. Ha sido María Barrera, pero hace días que el alcalde ninguneó públicamente al interventor, como antes a la “tiquismiquis” de la tesorera.

Estos señalamientos demuestran actitudes incompatibles con el respeto a las personas. Ustedes ya saben de qué tipo de gente son propias.

Al poner la lupa

Lotería de Navidad
Lotería de Navidad

Bendita ilusión, benditos ilusos

Hay una liturgia de comunicación navideña. Reconozcamos cierta expectación sobre el anuncio de la lotería, como por el nuevo de Gadis o si el spot de El Almendro repite que vuelve a casa por Navidad. Miles de personas sucumben a la propaganda más que al producto. He aquí un coche mejor que su publicidad, decía un pretérito eslogan del Golf GTI. Si usted cree que lo más importante en un güisqui es la marca, intente vender esta botella, decía otro anuncio en prensa mostrando el envase vacío. A veces los creativos buscan más sorprendernos con sus códigos de comunicación que vender el producto que promocionan. Por eso son buenos los anuncios de la Lotería de Navidad porque en sitios como Ourense nunca o casi nunca toca algo gordo y siempre consiguen que la gente pase por ventanilla para comprar el décimo y viva con el gusanillo en las tripas el día del soniquete de los niños de San Ildefonso. He aquí una publicidad mejor que la realidad.

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