"Sostiene Pereira": la autencidad tiene un alto precio
LOS LIBROS QUE LEO
En la Lisboa de 1938, el periodista Pereira mantiene una vida rutinaria y apolítica bajo el control de la dictadura de Salazar. El encuentro con un joven estudiante le obliga a cuestionar su neutralidad y a enfrentarse a las consecuencias éticas de la censura como política de Estado.
De cuando en cuando, la marea de las semanas y los meses, trae hasta mí, en una versión generosa del azar, libros que ya he leído, pero que vuelvo a leer con el mismo deslumbramiento y disfrute de antaño. No comprendo del todo, (o tal vez sí) la razón por la que experimento una desconfianza cada vez más creciente hacia las novedades: la mayoría de ellas funcionan como estrategias de ventas; y tan solo en algún caso, como un aporte real a esa majestad silenciosa y a la vez resonante que es la gran literatura.
El punto de ignición que incendia la vida de Pereira, hundida en la grisalla de la conformidad, es la aparición de Monteiro Rossi
En este sentido, para mí, “Sostiene Pereira” (Anagrama, 2012) de Antonio Tabucchi, publicada en 1994, es una novela nueva y refulgente. Su motor narrativo es la crisis vital de Pereira, un periodista viudo que conversa con el retrato de su difunta esposa y dirige la sección cultural del periódico Lisboa durante la dictadura salazarista de 1938; atrapado entre el temor a las consecuencias de la censura, y un impulso transgresor que va creciendo progresivamente según avanza la trama. El punto de ignición que incendia la vida de Pereira, hundida en la grisalla de la conformidad, es la aparición de Monteiro Rossi, un estudiante rebelde de la universidad de Coimbra, influido por el ideario republicano español y las convicciones antifascistas.
Su aparición, a partir de un malentendido, sacará a flote, entre grandes miedos y dubitaciones, la versión más audaz y honesta de un Pereira que, sin darse cuenta va abandonando el blindaje de la indiferencia.
Un hombre que cree que a pesar de todo el mundo está bien como está, a partir de una serie de conexiones inconscientes generadas a raíz de su relación con Monteiro Rossi, reelabora su sistema de creencias hasta convertirlo en una rebelión personal.
Es admirable cómo Antonio Tabucchi va aumentando las dosis del peligro en la relación con Monteiro Rossi; desde la negativa de Pereira a publicar una nota fúnebre sobre García Lorca, hasta la persecución y vida en la clandestinidad de Rossi con su novia Marta, una chica que a Pereira le recuerda a su difunta mujer en tiempos de juventud.
Pereira intenta escapar, pero en cualquier retiro en que decide esconderse, le salen al paso las verdades que intenta evadir. Memorable es su conversación con el doctor Cardoso, quien le desgrana su teoría sobre la “confederación de almas” y función del “yo hegemónico”. Igual de iluminadora es la charla que sostiene con la judía alemana de raíces portuguesas Ingeborg Delgado, quien le anima a “hacer algo”, “antes de que sea demasiado tarde”.
Este Pereira último es una especie de Sancho, viviendo de forma irrefrenable y ardiente su proceso de quijotización. Ha descubierto esa súbita belleza de rebelarse que descubrimos en nosotros mismos cuando nos alzamos contra un un complot o una injusticia. La autenticidad tiene un alto precio, y esto lo sabe bien, sostiene Pereira.
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