REPOSTERÍA TRADICIONAL
Orejas de Carnaval crujientes, ¿cuál es el error más común?
REPOSTERÍA TRADICIONAL
Cada invierno con la llegada del Entroido , las cocinas gallegas se llenan de las Oejas de Carnaval. Finas, llenas de burbujas, crujientes y nada aceitosas. Estas no son solo un postre típico, son una prueba de destreza y pasión culinaria. Y aunque parezca que todo depende de la receta, hay un error común que arruina incluso a quienes creen saber hacer Oejas de Carnaval: la grasa equivocada y una fritura mal entendida.
Si hay un consenso entre quienes defienden las mejores Oejas de Carnaval gallegas, es que la manteca de vaca no es opcional. Es el ingrediente clave. Frente a mantequilla o aceite, la manteca aporta una grasa más estable, un sabor profundo y, sobre todo, una textura que favorece la formación de burbujas y el crujiente final.
Además de la manteca de vaca, la base tradicional incluye harina de trigo, huevos, azúcar, un chorrito de aguardiente o anís y ralladura de limón o naranja. La proporción justa de grasa es lo que marca la diferencia entre una oreja ligera y una masa que se empapa de aceite. Cambiar la manteca por otra grasa es, para muchos, el primer paso hacia unas orejas blandas y pesadas.
Para quienes buscan una receta de "orellas" y quieren saber cómo hacerlas, esta es una versión breve y eficaz:
Ingredientes:
Elaboración:
Mezcla todos los ingredientes hasta obtener una masa elástica y fina. Amasa bien y deja reposar al menos 30 minutos. Estira la masa muy fina, hasta que quede casi transparente, corta las orejas y fríelas en abundante aceite, moviéndolas constantemente con una espumadera para que se llenen de burbujas. Sácalas cuando estén doradas y escúrrelas bien antes de espolvorear azúcar.
Evitar orejas aceitosas no es cuestión de suerte, sino de técnica. El primer error habitual es freír con el aceite poco caliente: si la temperatura es baja, la masa absorbe grasa en lugar de sellarse. El aceite debe estar caliente, pero sin humear.
Segundo error: una masa demasiado gruesa. Cuanto más fina esté la oreja, menos aceite absorberá y más burbujas aparecerán. Tercer punto clave: no sobrecargar la sartén. Freír pocas orejas a la vez mantiene la temperatura estable. Y, por último, escurrirlas correctamente sobre papel y no amontonarlas evita que se reblandezcan.
Las Orellas de Entroido perfectas no dependen de un truco moderno, sino de respetar la tradición. Usar manteca de vaca, estirar bien la masa, freír a la temperatura correcta y entender la fritura es lo que separa unas orejas normales de unas auténticas Orellas de Entroido, crujientes, llenas de burbujas y sin rastro de aceite. Porque, como pasa con muchas recetas gallegas, el secreto no está en innovar, sino en no cambiar lo que siempre ha funcionado.
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