Eve y Virgina, dos venezolanas en el exilio de Buenos Aires: alivio y alerta ante el futuro de su país

CRISIS EN VENEZUELA

“No celebramos la guerra”, afirman. “Celebramos la posibilidad, aunque sea frágil, de volver a ser país”

En la imagen, Un hombre sostiene una bandera venezolana frente a la Embajada de Venezuela en Buenos Aires durante las elecciones presidenciales
En la imagen, Un hombre sostiene una bandera venezolana frente a la Embajada de Venezuela en Buenos Aires durante las elecciones presidenciales | Europa Press

La situación política de Venezuela sigue generando reacciones emocionalmente intensas entre la diáspora. En Buenos Aires, donde residen miles de venezolanos que abandonaron el país por la crisis política y económica, el debate se vive con una mezcla de alivio, cautela y esperanza. Así lo expresan Eve y Virginia C., dos venezolanas comprometidas con la realidad de su país de origen.

Eve, quien se define como una más entre “los millones de personas a las que les tocó salir”, reconoce un profundo sentimiento de desarraigo, pero también una vigilancia constante sobre todo lo que ocurre en Venezuela. Desde su mirada, los acontecimientos recientes —tal y como fueron percibidos y difundidos en distintos espacios informativos y redes— generan una sensación ambivalente. “No es celebración, es alivio y alerta al mismo tiempo”, señala.

En su opinión, el escenario actual responde a una jugada geopolítica que busca forzar una transición evitando un estallido de violencia interna. Eve subraya que el objetivo final debería ser una salida política que incluya a las autoridades electas y con respaldo popular, en especial a María Corina Machado, a quien reivindica como una figura clave del liderazgo opositor. “Tiene el respaldo de la mayoría de los venezolanos”, afirma, al tiempo que expresa su deseo de que cualquier proceso evite más muertes, saqueos o caos. “Nadie quiere ver un país bombardeado ni invadido; lo que queremos es volver”.

Por su parte, Virginia C. pone el foco en la importancia de la opinión del venezolano común, el civil, “el de a pie”, como elemento fundamental para entender lo que ocurre en el país. “Más allá de los análisis académicos o diplomáticos, la voz de quien ha vivido esta realidad durante 27 años es clave para un diagnóstico honesto”, sostiene.

Virginia comparte un texto ampliamente difundido en grupos de venezolanos dentro y fuera del país que resume, desde una perspectiva emocional y crítica, el cansancio de una población que se siente ignorada durante décadas. El escrito cuestiona los discursos externos que apelan únicamente a la soberanía o a soluciones teóricas, y recuerda el impacto humano de la crisis: millones de migrantes, pobreza estructural, presos políticos y un deterioro profundo de las condiciones de vida.

Ambas coinciden en que no se trata de una discusión ideológica ni de geopolítica abstracta, sino de una tragedia humana prolongada en el tiempo. Desde la distancia, pero con el vínculo intacto, Eve y Virginia expresan un anhelo compartido: que Venezuela pueda iniciar un proceso real de reconstrucción democrática que permita el regreso, el reencuentro familiar y una vida sin miedo.

“No celebramos la guerra”, concluyen. “Celebramos la posibilidad —aunque sea frágil— de volver a ser país”.

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