Una final, dos banderas y un mismo sentimiento para la colectividad española en Argentina

MUNDIAL DE FUTBOL

Los españoles residentes en Argentina vivieron la final del Mundial con el corazón dividido y las emociones a flor de piel: entre el orgullo por la victoria de España y el cariño hacia el país que les acogió y el que viven

La presidenta del Centro Asturiano de Buenos Aires, Pilar Simón, al inicio del partido junto al secretario de la entidad (1)
La presidenta del Centro Asturiano de Buenos Aires, Pilar Simón, al inicio del partido junto al secretario de la entidad (1) | La Región Internacional

Para la colectividad española residente en Argentina, la final del Mundial entre España y Argentina fue mucho más que un partido de fútbol. Durante noventa minutos —y el tiempo añadido que exigió una final de máxima igualdad— miles de emigrantes, hijos y nietos de españoles vivieron una mezcla de orgullo, emoción y sentimientos encontrados. No era una final cualquiera: frente a frente estaban el país que vio nacer a muchas familias y el que las acogió y en el que construyeron su vida. Ganara quien ganara, la celebración estaba asegurada, aunque el corazón quedara inevitablemente dividido.

El consejero del Consejo de Residentes Españoles (CRE) por la demarcación consular de Córdoba, Lucas Sancho Galfrascoli, resume ese sentimiento compartido por buena parte de la diáspora. "Para la colectividad española residente, esta final no fue un partido más. Que se enfrentaran dos selecciones que se encuentran unidas por profundos lazos, como lo son las de Argentina y España, supuso un verdadero dilema sentimental". Sancho recuerda que ambos equipos llegaban a la gran cita como campeones de sus respectivos continentes, pero insiste en que el verdadero significado del encuentro iba mucho más allá del aspecto deportivo. "Lo más importante trasciende la cuestión técnica y es por eso mismo que antes de empezar el cotejo este domingo, sabíamos que ya habíamos ganado". A su juicio, el triunfo ya estaba asegurado porque "ambas selecciones simbolizaron con sus valores, su compromiso, esfuerzo y empuje lo mejor de este juego, y con ello también nos dieron el orgullo y la alegría de sentirnos representados". Por ello quiso felicitar tanto a España como a Argentina: "Nuestras felicitaciones a ambas selecciones que lo dejaron todo en el campo. ¡Enhorabuena para España por la estrella conseguida! Y que ambos países podamos seguir fortaleciendo lazos y compartiendo las raíces que nos unen".

Ese orgullo compartido también lo expresó Claudia Herrero, presidenta de la Agrupación Castellano-Leonesa de Bolívar e hija de castellanoyleoneses, quiso poner el foco en el valor simbólico de la final por encima del resultado. "El mérito está en que dos países hispanos jugaron una final del campeonato del mundo", afirmó, destacando el significado que tuvo para quienes mantienen vivas sus raíces españolas mientras forman parte plenamente de la sociedad argentina.

La historiadora gallega y corresponsal de La Región Internacional en Argentina, Celia Otero Ledo, ofreció una de las reflexiones más profundas sobre lo que supuso este partido para la emigración. "El partido no ha hecho más que poner en un campo de deportes lo que es la vida del emigrante: una división eterna entre las raíces y la casa en que se habita", explicó. Antes del inicio del encuentro, asegura, existía un cierto consuelo porque cualquiera de los dos resultados supondría una alegría: "En las expectativas estaba el consuelo de saber que jugaban España y Argentina, que cualquiera de los dos triunfos iba a tener un grado de satisfacción". Sin embargo, reconoce que durante el partido el sentimiento cotidiano acabó imponiéndose. "A la hora de la jugada pesa más la casa en que se habita, porque es en la que se está, es en la que se lleva años, es en la que se ha formado una familia". Tras el encuentro, Otero recibió mensajes desde Galicia preguntándole cómo se había vivido la final. "Estoy con sentimientos encontrados, pero pesa mucho realmente la pertenencia al país que nos acogió y nos ha tratado tan bien". Aun así, reconoce que el desenlace también tuvo algo de celebración para todos. "Es un orgullo enorme que los campeones del mundo y los subcampeones hablen castellano, hablen español y, en nuestro caso, hablemos galego".

La historiadora también destacó el ambiente con el que se siguió el partido entre amigos y familiares. "En ningún momento se escuchaban insultos o agravios hacia los jugadores de España; era una especie de disputa entre dos de una familia". De hecho, recordó la conversación mantenida con un emigrante llegado a Argentina siendo niño, que resumía perfectamente el sentimiento de muchos españoles. "No pude evitar sentir que quería que ganara Argentina, porque aprendí a jugar al fútbol y a verlo en Argentina". Para Celia Otero, esa explicación resume la realidad de la emigración: "Es el tema de la casa que nos habita y la casa que habitamos. Y en el fútbol es la casa que habitamos".

Una experiencia muy similar vivió Pilar Simón, presidenta del Centro Asturiano de Buenos Aires, que siguió el encuentro junto a numerosos socios de la institución. "Lo vivimos en el Centro Asturiano de Buenos Aires", explica. La dirigente reconoce que también sintió el corazón dividido. "Fue lindo ver ganar a España. No sé si hubiese preferido que ganara Argentina; como yo siempre te dije, tengo el corazón partido". En cualquier caso, considera que el triunfo español fue merecido. "Creo que España jugó mejor, creo que se lo mereció". Su balance refleja perfectamente el estado de ánimo de muchos emigrantes: "Estoy contenta por un lado y triste por el otro". Al mismo tiempo, quiso destacar el ambiente vivido durante la jornada. "En el Asturiano lo vivimos bien, tranquilos, en paz".

En la misma línea se expresó Daniel Castro, presidente de la Comisión de Relaciones Institucionales de la Federación de Sociedades Españolas (FEDESPA), quien calificó la final como "una final soñada para todos los que representamos aquí a la colectividad española en este bendito país que es la República Argentina". Castro explicó que el partido también puso de manifiesto una diferencia generacional habitual entre las familias emigrantes. "Los hijos de los españoles, en general, preferíamos que ganara Argentina y nuestros padres, nuestros emigrantes originales, lógicamente preferían a España". Sin embargo, más allá del marcador, se queda con una idea que resume el sentir colectivo de toda la jornada. "Ganamos los dos, ganamos todos".

Y concluye con una felicitación que sintetiza el espíritu con el que la colectividad vivió esta final histórica: "El triunfo de España ha sido muy merecido. ¡Que viva España y que viva Argentina!".

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