Prudencia y esperanza: primeras reacciones de la colectividad española y la diáspora venezolana ante el ataque de EE UU a Venezuela

PRIMERAS REACCIONES

Mientras algunos celebran un posible punto de inflexión histórico, otros temen que el desenlace agrave las fracturas sociales y políticas de un país que sigue sin certezas sobre su futuro inmediato

EEUU bombardea Venezuela
EEUU bombardea Venezuela | Europa Press

La intensidad de los acontecimientos y la confusión informativa marcan las primeras horas tras el ataque de Estados Unidos a Venezuela. En este contexto, la colectividad venezolana —en la diáspora— junto a la comunidad española residente en territorio venezolano, expresa posturas encontradas que oscilan entre la expectativa de un cambio político y la incredulidad y prudencia.

En Madrid, el comunicador Juan José González, en contacto directo con compatriotas en Venezuela, sostiene que el escenario actual “era lo que se esperaba desde hace algún tiempo”. A su juicio, el fracaso de las negociaciones y unas elecciones que considera fraudulentas condujeron a este desenlace. “La mayoría de la sociedad venezolana quiere un cambio; el país está destruido y, lamentablemente, la única opción que quedaba era esta”, afirma. González asegura que, según sus contactos, más del 80% de los venezolanos esperaba que el desenlace se produjera “lo más rápido posible” y “de la mejor manera”, aun reconociendo que “la guerra siempre es cruel”.

El locutor, en declaraciones a La Región Internacional, sostiene que es pronto para confirmar datos y reclama información “veraz y clara” por parte de Estados Unidos, ante la falta de fuentes fiables dentro de Venezuela. “Los hechos están en pleno desarrollo y no podemos asegurar nada todavía”, advierte. No obstante, apunta a un posible quiebre interno: “Debe haber militares venezolanos que cambien de bando; el ejército es clave”.

Desde el análisis inicial de los hechos, González indica que se habría producido un despliegue militar selectivo con impactos en puertos, aeropuertos y sistemas eléctricos y de comunicaciones. “Hay zonas sin electricidad ni comunicaciones, pero las ciudades mantienen luz y conectividad móvil. La entrada de helicópteros en Caracas sugiere poca resistencia y que el proceso podría ser rápido”, señala, siempre con cautela.

Desde una posición abiertamente crítica, Lois Pérez Leira, historiador, escritor y activista nacido en Vigo en 1953 y con una larga trayectoria vinculada a la emigración y la política en Argentina, condenó con dureza la intervención estadounidense. A su juicio, los bombardeos de Estados Unidos contra Venezuela “no tienen antecedentes en el derecho internacional” y constituyen “una violación flagrante de la soberanía de un país democrático”.

Pérez Leira expresó además su preocupación por la situación del presidente Nicolás Maduro, a quien, según afirmó, el expresidente estadounidense Donald Trump habría dado por “secuestrado”. En su mensaje, apeló al legado de Simón Bolívar y Hugo Chávez y aseguró que el pueblo venezolano “defenderá la patria”, advirtiendo que, de ser necesario, Venezuela podría convertirse “en un nuevo Vietnam”. Su pronunciamiento concluye con un rechazo frontal a la injerencia extranjera y una llamada a la retirada de Estados Unidos del país.

Desde Venezuela, el asturiano Gumer Romano, residente en el país, describe la situación que se ha vivido en los últimos años como “una pesadilla que no se la deseo a nadie”. Visiblemente emocionado, envía un mensaje de solidaridad: “Le mando un abrazo muy fuerte a todos los venezolanos que han tenido que salir de su país sin haber hecho nada más que quererlo”. Sus palabras resumen el sentimiento de desgarro que atraviesa a miles de familias separadas por la emigración forzada.

Por su parte, German R. Sobrino, venezonalo residente en España, expresa sentimientos encontrados: “No está bien que pasen estas cosas, pero si es verdad que capturaron a Maduro y a su mujer, estaría muy contento. Lo de Venezuela es una dictadura en toda regla y eso no puede ser”. A la espera de declaraciones oficiales, admite: “Ahora toca esperar a que hable Maduro”.

Prudencia en cambio, es la que expresa el ex dirigente de la colectividad, el gallego, José Manuel Trelles, actualmente retornado en España por motivos de salud, rechaza la posibilidad de una ocupación efectiva: “Estados Unidos puede bombardear todo lo que quiera, pero nunca podrá ocupar militarmente Venezuela”. Argumenta que el tamaño del país —con selvas, montañas y la cordillera de los Andes— y el carácter nacionalista de la Fuerza Armada Bolivariana dificultarían cualquier control territorial.

En las redes sociales, las reacciones se multiplican y reflejan la profunda polarización que atraviesa la sociedad venezolana. Mensajes de celebración y esperanza conviven con advertencias, escepticismo y duras críticas al papel de Estados Unidos y de la oposición política. Benita Castro expresaba su entusiasmo desde España con un mensaje breve y directo: “Venezuela libre. Felicidades a todos los venezolanos. País libre. Saludos desde España. No soy de Venezuela, pero estoy feliz”. En la misma línea de apoyo, otros usuarios celebraban lo que interpretan como el inicio de un cambio largamente esperado.

Sin embargo, no todas las posturas son optimistas. Katherin Maestre advertía sobre las consecuencias de una acción militar: “El pueblo no está preparado para un ataque y los que saldrán llorando son los primeros que apoyaron esto”, escribió, alertando sobre el impacto que el conflicto podría tener en la población civil.

Desde una posición abiertamente crítica, Juan Manuel Sánchez Cárdenas cuestionaba los intereses detrás de la intervención: “Ahora dicen ‘Venezuela libre’, pero Estados Unidos se llevará el petróleo y todo lo que le sirva”, ironizaba, señalando a dirigentes de la oposición como intermediarios del proceso. En un tono aún más duro, un participante anónimo arremetía contra los venezolanos en el exterior y el rumbo político que podría tomar el país, con un mensaje cargado de indignación y rechazo hacia lo que considera un futuro gobierno de extrema derecha.

Mari Villarreal escribe: “Amén. Creo firmemente que Dios tiene un plan de amor y salvación para Venezuela, y hoy nos unimos en oración por su pueblo y su futuro”. Otro usuario, AcidTrue77, celebra el inicio de un proceso: “Feliz de que al menos ya comenzó algo. Aunque lleve años la depuración, por algo se empieza. Lo más difícil será la recuperación de la descomposición social; una cicatriz que quizá nunca se borre”.

Los pronunciamientos se reproducen por miles en Facebook, X e Instagram, y todos evidencian un clima de confusión y fuerte carga emocional. Mientras algunos celebran un posible punto de inflexión histórico, otros temen que el desenlace agrave las fracturas sociales y políticas de un país que sigue sin certezas sobre su futuro inmediato.

A la incertidumbre sobre una eventual convocatoria electoral y la ilusión por un posible final de la era Maduro se suma la preocupación por un escenario de confrontación interna. En medio de este contexto complejo, el deseo común dentro y fuera del país es que, si el cambio finalmente llega, lo haga con rapidez y con el menor costo humano posible.

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