Gonzalo Iglesias Sueiro
Días oscuros
BRÚJULA DIGITAL
Llevo veinte años trabajando en el mundo digital, y si algo me llama la atención últimamente es esto: están empezando a aparecer en internet personas y empresas que se habían quedado fuera durante años. Profesionales con décadas de oficio. Negocios familiares. Especialistas a los que en su sector se les conoce de sobra, pero que en Google no salían por ningún lado.
Y ahora, por fin, sí.
Durante mucho tiempo pasó algo curioso. Si buscabas a los mejores de cada nicho en internet, raramente eran los que aparecían en las primeras posiciones. Aparecían otros: con menos recorrido, a veces con bastante menos conocimiento, pero más espabilados digitalmente. Que entendían el lenguaje, que se movían bien por las redes, que sabían posicionarse. Y eso creó una brecha rara. La gente que más sabía estaba en el mundo físico. La gente que mejor se vendía estaba en el digital. Y muchas veces no era la misma.
Una empresa gallega de pura cepa con más de treinta años formando a dueños de peluquerías a gestionar bien sus salones, dirigida por dos mujeres increíbles que han pasado los 55, se está lanzando ahora a llevar sus formaciones a salones de peluquería de todo el mundo
Esa brecha, por suerte, se está empezando a cerrar. Estos días, sin ir más lejos, estoy acompañando un caso que me parece un ejemplo precioso. Una empresa gallega de pura cepa con más de treinta años formando a dueños de peluquerías a gestionar bien sus salones, dirigida por dos mujeres increíbles que han pasado los 55, se está lanzando ahora a llevar sus formaciones a salones de peluquería de todo el mundo. Después de 30 años de trabajo presencial, kilómetros de tijera y una reputación buenísima construida puntada a puntada, deciden dar el paso digital. Y cuando alguien con ese bagaje cruza al mundo online bien orientado, pasa algo muy expansivo: lo que antes llegaba a una provincia, ahora puede llegar a México, a Argentina, a Italia. Todo sin moverse de Galicia
Hace quince años, eso era impensable. Pero aquí la clave es que dar el salto no es tan fácil como suena, sobre todo si no estás bien asesorado. Cuando alguien con experiencia y ganas llega al mundillo digital con la intención de subirse a la ola, se encuentra con un pupurrí de planes posibles: que si la web, una tienda online, embudos, blog, podcast, Instagram, YouTube, newsletter, anuncios… Todo parece urgente y todo parece imprescindible, como que si te falta alguna pieza, ya no puedes lograrlo. Y lo peor: cada agencia o cada profesional con quien habla le dice una cosa distinta. Una le pide una inversión enorme para hacer una web. Otra le dice que sin TikTok no es nadie. Otra que necesita grabar vídeos a diario. Y la persona, que entró con ilusión y un conocimiento brutal en su materia, acaba bloqueada o agotada antes de empezar. “La tecnología no es lo mío...” y siguen con lo que estaban.
Hay un detalle que quiero señalar, porque lo veo mucho. Muchas personas que llegan a esto sintiéndose analfabetas digitales se dejan orientar por alguien con criterio real y experiencia . Ahí todo cambia, empiezan a ver que no es tan complicado si te lo explican bien, marcas una estrategia definida y un foco claro. Lo que hace falta antes de ejecutar
La pregunta no es qué se está llevando ahora, sino qué encaja contigo, con tu forma de trabajar, con tus valores y con la energía que realmente puedes meterle
nada es entender las piezas. Saber qué es cada cosa, para qué sirve y cuáles van bien con tu negocio concreto. Eso es el mapa de la tranquilidad y los resultados. Sin un mapa, todo lo que hagas va a ser disparar a lo primero que aparezca.
Otra cosa importante: del abanico enorme de posibilidades digitales que hay, no tienes que coger todas. De hecho, no deberías hacer eso. Hay quien crecerá con un canal de YouTube porque se siente como pez en el agua grabando contenido. Hay quien encontrará su sitio en un podcast. Hay quien con una buena newsletter y una web bien pensada tendrá más que suficiente. La pregunta no es qué se está llevando ahora, sino qué encaja contigo, con tu forma de trabajar, con tus valores y con la energía que realmente puedes meterle. Porque hay gente que copia fórmulas que no son suyas, sube contenido que no le representa, todo porque “es lo que hay que hacer”. Y eso a la larga se nota. La energía forzada traspasa fronteras Vendes una versión de ti que no eres. Y eso pasa factura.
Estamos en un momento interesante. Toda esa generación de profesionales con muchísimo conocimiento que durante años dejó el espacio digital libre está empezando a ocuparlo. Y lo está haciendo aportando algo que arriba muchas veces faltaba: experiencia real, criterio, kilómetros encima.
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