El nuevo año o la hermosura de lo cotidiano

HISTORIAS INCREÍBLES

Publicado: 04 ene 2026 - 02:10

Opinión en La Región
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Nos imaginamos la vida como una gran sala ocupada por armarios llenos de vacías baldas. Y nos convocamos a llenarlos de cosas extraordinarias. Pero nada será tan extraordinario que supere la hermosura de lo cotidiano.

Descubrirás que no habrá nada más extraordinario que el fresquito de las mañanas. Nada más que esa rebeca amarilla que se pone el día para estar contigo dándote caricias en la cara, entonces mismo, cuando te levantas. Nada más que el grito de los gorriones cuando se enfadan contigo porque ahora ya no cantas. Que dicen piando a todo piar que pones circunflejos los ojos y andas enfurruñada.

Nada más extraordinario que los besos que te encuentras cada madrugada. Esos rotundos de tu madre que te mira, te habrás fijado, siempre embelesada. Esos húmedos y largos de la persona amada. Esos que saben a caramelo y regaliz que son son de tus hijos o nietos. Puras ternezas humanas.

Habrá días buenos, muy buenos y otros que te parecerán malos. Pero es que la vida es también eso, un proceso de sonrisas y lágrimas, de procesar las emociones, permitiéndote llorar si fuese necesario buscando un hombro amigo, o sintiéndote sola mientras paseas por el parque, caminando bajo los mirtos, o los árboles esqueléticos que te miran de soslayo, abominables y siniestros.

Esos húmedos y largos de la persona amada. Esos que saben a caramelo y regaliz que son son de tus hijos o nietos. Puras ternezas humanas.

Porque un año es sólo una foto en sepia, o dos retratos, o… unas instantáneas del tiempo que perdemos preocupados, ocupándonos de las cosas más superfluas e innecesarias. Nada que explique por qué buceas bajo las nubes y por qué braceas como si fueses a algún lugar bañándote, zambulléndote, exigiendo tantas cosas a la vida, esas que no sirven para nada.

Y si pasado un tiempo, te paras de repente, suponte que a mitad de este nuevo año y te preguntas ¿quién soy yo? No responderá nadie o en tal caso recordarán tu sonrisa, esa tan franca, que se te pinta en la faz cuando tomas un refresco en el banco de la plaza escuchando a quien puso su sombrero en el suelo y toca alguna canción con su vieja guitarra, o cuando miras con dulzura a quien viene de tan lejos y te cuenta su historia sobrehumana.

Cuanto más simple lo verás más bonito. No te preocupes porque nadie querrá escribir tu historia de este nuevo año. Aunque si quieren escribir tu historia lo tendrán como muy fácil; tomarán aquella caja, aquella demodé, de lata, en la que guardaba la abuela el cacao que desayunabas por la mañana y manosearán las imágenes digitales que ya no se guardan para mirarlas.

Y ojalá escriban que fuiste la mejor compañera del alma, que amaba la vida como ese tiempo en el que amar es lo importante. En ti es facilísimo encontrar esa parte que te hace tan apreciada cuando nos ponemos a mirarte: la dulzura en la mirada, la cordialidad, y esa disposición para ayudar a quienes precisan una palabra amable.

Cuando pase este año, como todos, tan apresurados… Querrás retenerlo, detenerlo, haciéndole unas zancadillas para que frene tanta diligencia, tantas rapideces, tantas prontitudes y prestezas… No lo hagas, es imposible dilatarlo. Sólo nos queda apaciguar las prisas y darle al Señor del tiempo, por tantas cosas naturales, espontáneas y sencillas, las más rendidas gracias.

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