Jenaro Castro
TRAZADO HORIZONTAL
El show de la tiranía
Señor, Pedro Sánchez Pérez-Castejón! Sepa que Felipe II hizo pasar a la historia una de sus frases favoritas: “Sosegaos”. Expresión que solía utilizar para calmar a las personas que se mostraban preocupadas o nerviosas, incluso alteradas ante él. También se dice que, cuando Felipe II deseaba alterar aún más, a quienes se quedaban atónitos ante su intimidatoria presencia, lanzaba la coletilla “sosegaos”, para lograr el efecto contrario. Tras el último pleno del Congreso, sobre corrupción, Feijóo le espetó la andanada: “¿Pero de qué prostíbulos ha vivido usted? Participó a título lucrativo del abominable negocio de la prostitución y ahora quiere ilegalizar su biografía”. Usted tragó saliva y, quizás, recordó el “sosegaos”.
Tras el Pleno del Congreso sobre corrupción, en el que anunció un decálogo de medidas anti corrupción -después de siete años desde que accedió a la presidencia para regenerarnos, precisamente de la corrupción- le anuncio que, como gallego, que es la mejor manera de sentirme español, los ofendidos, somos muchos
¡Señor, Pérez-Castejón!, muy señor mío, presidente. Es indudable que oír, en el salón donde reside –creo que aún sí- la soberanía popular, cual es el Congreso de los Diputados, tal añagaza hace sentir la respiración y aparece la taquicardia al más pintado y también a “sus” señorías…, que, incrédulos, aunque algo ya habían barruntado en el pasado, por momentos no supieron cómo reaccionar. Pero era de esperar, y así sucedió, que todos a una, la mesnada saltó al alimón: ¡es un bulo!, palabra argumental que le hicieron saber hace meses y ya se convirtió en una exclamación familiar de la casa. Y usted, señor Pérez-Castejón, torció su mirada perdida en el tendido, por un trismo de satisfacción…, al percibir que sus fieles, los propios y los que ven en su debilidad otra buena ocasión para hacer caja, aun sintonizaban con usted. ¡Y más!, conforme pasaban los minutos se sentían ofendiditos. Les prescribo un ¡sosegaos!
¡Señor, Sánchez Pérez-Castejón! Tras el Pleno del Congreso sobre corrupción, en el que anunció un decálogo de medidas anti corrupción -después de siete años desde que accedió a la presidencia para regenerarnos, precisamente de la corrupción- le anuncio que, como gallego, que es la mejor manera de sentirme español, los ofendidos, somos muchos. Seguro que a su señoría esta ofensa le traerá al pairo. Y tal desinterés me orienta a hacerle esta anamnesis, donde está anotado que, hace poco más de un año, tomó un retiro voluntario, con amago de dimisión, por sentirse vilipendiado y maltratado por la investigación a su amada esposa. ¿Quién no comprende, siente malestar y se enoja ante las desacreditaciones a un ser tan querido? En ese retiro recapacitó y volvió usted a la actividad, con más fuerza que nuca y dispuesto a dar batalla; tantas nuevas que hasta parece que la Mesa del Congreso repartirá carnés de periodistas, para los que, según ustedes, lo son de verdad.
¡Señor, Sánchez Pérez-Castejón!, muy señor mío, presidente. Ahora, ya superado aquel trance, tras el que ya le observo inmunizado para casi todo, le sobreviene el “¿Pero de qué prostíbulos ha vivido usted…?”. ¡Usted!, que alardeó de su empeñada lucha contra la prostitución. No quede, presidente, como un hipócrita en causa tan deshonesta. Parece que no le ha causado ningún perjuicio, aunque entiendo que la profesión vaya por dentro. Aunque lo preocupante es el entorno, los suyos, que muestran ser esa “profusión de ofendiditos”. Recuérdeles su “Manual de Resistencia”, tal como el rey aplicaba su “sosegaos”, no en su versión irónica, y seguro que le alentarán a que usted mantenga la calma para continuar en Moncloa; eso sí, tras la aclaración y resolución de las graves acusaciones.
¡Señor presidente! Si el PP exige respuestas a su Señoría y al Gobierno, sobre el uso de inmuebles públicos como saunas y otras funciones de dudosa moral, haya por el bien del interés general, y para que no se diga que trata usted de blanquear el pasado, y reaccione. Se lo apunto en la anamnesis: 1) Niegue las acusaciones y vaya al juzgado, para preservar su credibilidad y el honor. 2) O aclarar esas abominables acusaciones. Porque es verdad que no todo vale en política, aunque los suyos y usted mismo, hicieron correr ríos de tinta, sobre la vida personal de Ayuso, Rajoy, Feijóo… De ahí, que la prevención sea el más noble protocolo. Si no, donde las dan las toman. Claro que sí, Presidente. Las insinuaciones, insultos, difamaciones, bulos, etc., son prácticas deplorables, haga quién las haga. Pero usted no mandó parar en su momento a los suyos con un “sosegaos”. ¡Y, ahora, llegó su momento!
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