Jenaro Castro
TRAZADO HORIZONTAL
El show de la tiranía
TRAZADO HORIZONTAL
Como Delcy Rodríguez, el pueblo venezolano comprenderá que es mejor el bienestar que la escasez, la libertad y la convivencia que la represión y el reparto del petróleo antes que el desabastecimiento. Lo importante es que la tiranía se ha frenado en Venezuela y que la operación Maduro está siendo un show ante los ojos expectantes de este maltrecho mundo sometido a la geopolítica global. El show de la tiranía consiste en convertir al dictador en preso y al amigo americano en salvador del mundo libre sin perder la espectacularidad cinematográfica de una gran superproducción internacional. El propio Trump confesó haber seguido el asalto a Venezuela como un reality de televisión al que el tirano contribuyó con su sentido del show y su ya célebre “Happy new year” amistoso al llegar a Nueva York. Maduro ha disparado su leyenda como meme universal de payaso tirano, mientras en redes se difundían sin parar sus payasadas y desafíos al otro meme global en el que se ha convertido Trump, al que cada vez se le toma más en serio porque los hechos le avalan. Todo está siendo un show escrito por guionistas de la Casa Blanca con tintes del “Saturday Night Live” y una pizca de acción y terror desde la salida de María Corina Machado con ayuda yanki para recoger el nobel de la paz.
Europa sigue en su deriva irrelevante. Y Trump ejerce como líder del mundo mundial sin Nobel de la paz
A estas alturas de show internacional, nadie puede pensar que la detención de Maduro y su mujer ha sido posible sin colaboración interna, sin una traición próxima y sin la intuición de los principales servicios secretos mundiales, incluidos los de Rusia y China, lo que implica un consentimiento implícito. El mundo está evolucionando hacia un nuevo orden internacional y las piezas se mueven en el tablero de ajedrez como marionetas desde Moscú, Pekín y Washington. Putin está en lo suyo, en Ucrania, y por momentos parece que en el show de la tiranía recibe ayuda del propio Trump con participación del cómico Zelensky. Xi Jinping deja de pillar cacho en Latinoamérica por la irrupción trumpista y tendrá que conformarse con su aspiración a primera potencia económica mundial. Europa sigue en su deriva irrelevante de indudable pérdida de influencia. Y Trump ejerce como líder del mundo mundial sin nobel de la paz, pero con el premio del control en Oriente Medio tras la firma de la paz en Gaza y la influencia en el hemisferio sur americano tras la captura de Maduro, lo que a la vez sirve de aviso a navegantes como Cuba y Colombia.
Es decir, el eje bolivariano integrado en el grupo de Puebla que Sánchez secunda está a la baja por sus ya conocidas contradicciones de pacifismo populista mientras Pedro recibe a un separatista como Junqueras en la Moncloa y busca oxígeno interno comprometiendo el envio de tropas de paz a Ucrania y Gaza sin tener garantizado apoyo real suficiente en el Congreso. Todo con Groenlandia en el punto de mira de Trump, cuyo desenlace sería conveniente que se sustanciara en una compra-venta pactada y no en una fractura militar de la OTAN.
El show de la tiranía mostró a Maduro con una leve cojera saludando a sus carceleros y levantando los pulgares en señal de aceptación de su inevitable destino. Delcy Rodríguez se adivina como traidora principal en versión femenina de Maduro y amante del lujo, los viajes y las maletas junto a los demás cooperadores necesarios de la narco-dictadura venezolana, incluido Zapatero. Aquí todo el mundo trata de sacar tajada con el petróleo, con una buenista intencionalidad democrática pospuesta en el tiempo o con el uso de la operación Maduro y el show de la tiranía en la política doméstica. Oír los argumentos prefabricados de la izquierda socialcomunista anti-imperialista española es asumir una ignorante ceguera muy oscura ante las evidencias de que el show está perfectamente orquestado por los verdaderos poderes del dinero geopolítico internacional que nada tiene que ver con sus trasnochados postulados ideológicos. El uso gubernamental interno de la política internacional delata la naturaleza necesitada del sanchismo más zapaterista, mientras compra tiempo con casi 5000 millones ante un golpista inhabilitado como Junqueras. El centro-derecha español sigue subrogado a la quimera democrática de la libertad que Trump se va a pasar por ahí con cargo a la chequera petrolífera. La derecha resulta demasiado previsible ante el asalto a un país extranjero y la vulneración del derecho internacional. Ahora los guionistas del show de la tiranía andan buscando una coartada para no comprometer a Delcy maletas. Por eso se desliza la labor de un heroico topo de la CIA como factor decisivo para la detención del dictador a cambio de 50 millones de dólares de recompensa y las vidas de la guardia cubana. Todo eso está muy bien para el relato y los golpes de suspense del show de la tiranía, pero al final siempre hay razones más poderosas que explican lo sucedido: el poder, la geopolítica global y la economía.
El paripé de Delcy Rodríguez en su juramento de toma de posesión invocando a los héroes chavistas caídos y sometiéndose al mandato americano culmina una traición histórica que sólo puede explicar la futura impunidad de quienes son tan responsables como Maduro de la tiranía represiva del régimen bolivariano. La interina encargada por Trump de tutelar el control de Venezuela bajo órdenes de la Casa Blanca, incluidos los intereses petrolíferos con la entrega de 50 millones de barriles de oro negro, se ha vendido junto a su hermano para evitar seguir la misma suerte que Maduro. Y eso ha sido de gran alivio para Zapatero, el gran socio español de la dictadura venezolana “durante 10 años”, según le ha reconocido el hermano de Delcy, pues sus conexiones le vinculan a presuntas y turbias operaciones de beneficio económico. Se está tratando de blanquear a ZP como artífice negociador, lo cual sólo es posible si la izquierda asume sus vínculos intolerables con Delcy, agasajada en el episodio de las maletas de Barajas por el sanchismo con beneficio añadido del rescate de Plus Ultra.
María Corina Machado ha sido apartada inicialmente de la transición venezolana por deseo del propio Trump para evitar un baño de sangre y por desconocimiento y desconexión de los resortes de poder que Delcy garantiza con el control del ejército y el acceso al petróleo. Machado, que se verá en breve con Trump en la Casa Blanca, comprende que la continuidad del chavismo persigue evitar un baño de sangre y asegurar el negocio económico. María Corina exigía un cambio inmediato, lo cual no favorece los intereses trumpistas, pues Washington necesita tiempo para implantar su control sin la presencia de tropas estadounidenses sobre el terreno. Edmundo González no deja de ser un presidente electo legítimo ante la prohibición chavista a Corina de presentarse a las elecciones del pucherazo. Por eso María Corina Machado está decidida a tender puentes ante Trump y Marco Rubio hasta el punto de ofrecer compartir su nobel de la paz. Ella ejercerá el contrapeso para incrementar la liberación de presos políticos, lo cual ya se está produciendo, y para acelerar una convocatoria electoral que no parece viable de forma rápida.
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