Tú tienes fans, yo tengo soldados

EN LA RED

Publicado: 09 jun 2026 - 13:34 Actualizado: 09 jun 2026 - 13:44

La campaña electoral española ha abandonado definitivamente las caravanas tradicionales y los grandes debates en prime time como ejes únicos. El ecosistema digital empujó a los partidos hacia una lógica mucho más fragmentada, inmediata y emocional. Entre 2019 y 2025, las redes sociales pasaron de ser un complemento para convertirse en la infraestructura cotidiana de la disputa política.

Mientras Facebook perdía relevancia entre los jóvenes, Instagram y TikTok se consolidaban como los epicentros de la batalla audiovisual. Por su parte, X (antes Twitter) ha mantenido su rol como termómetro para élites políticas y periodistas, y WhatsApp ha continuado dominando la comunicación privada, convirtiéndose en un canal crítico para la redistribución militante y la movilización directa.

El ecosistema digital empujó a los partidos hacia una lógica mucho más fragmentada, inmediata y emocional.

En este escenario, los partidos con narrativas más agresivas y adaptadas al lenguaje nativo de las plataformas han tomado ventaja. Formaciones como Podemos al inicio y, más recientemente, Vox han destacado por su capacidad de generar engagement mediante formatos rápidos. TikTok ha sido clave: vídeos de 15 segundos, cortes de contexto agresivos y anécdotas se utilizan para penetrar en el imaginario del votante sin filtros de verificación.

La economía de la rabia y el “soldado digital”

El componente emocional ha desplazado a los programas tradicionales. El orgullo, el enfado y la identidad son los nuevos combustibles del algoritmo. Como se ilustra en la cultura popular contemporánea, ya no se busca convencer a toda una nación, sino movilizar a una base de "soldados emocionales”. La rabia vende y la edición rápida junto a referencias culturales reconocibles garantizan que el mensaje circule de forma orgánica y masiva.

Regulación vs. Realidad: La Nueva Opacidad

La regulación ha intentado, con éxito limitado, poner vallas al campo digital. Desde la anulación del artículo 58 bis.1 de la LOREG por el Tribunal Constitucional en 2019 hasta el Reglamento Europeo 2024/900, las instituciones han buscado mayor transparencia en el perfilado ideológico. Sin embargo, ante las restricciones publicitarias impuestas por gigantes como Meta en 2025, la actividad electoral se ha desplazado hacia el contenido orgánico, comunidades cerradas y publicidad (encubierta) a través de creadores digitales.

La rabia vende y la edición rápida junto a referencias culturales reconocibles garantizan que el mensaje circule de forma orgánica y masiva.

Esta evolución nos lleva a una zona de sombras, porque sigue siendo casi imposible rastrear cómo las consultoras segmentan audiencias en la mensajería privada. En esta opacidad, la desinformación se ha profesionalizado. En las generales de 2023, el problema ya no eran solo las cuentas anónimas, sino las propias figuras políticas actuando como amplificadores de bulos para dominar la conversación durante horas críticas.

Obviamente las redes sociales no sustituyen a la política tradicional. ¿No es más verdad que funcionan como aceleradores de atención, identidad y movilización?. El verdadero poder ya no reside únicamente en quién publica un mensaje, sino en cómo se consigue redistribuirlo, amplificarlo y convertirlo en conversación dominante durante unas horas decisivas.

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