El Banco de Alimentos de Ourense se vacía, sin donaciones ni voluntarios

CRISIS EN COMEDOR DE CÁRITAS

La crisis económica y la inflación pasan factura a una entidad solidaria en la que también faltan voluntarios en el Banco de Alimentos de Ourense

Banco de Alimentos de Ourense: la imagen rebasa lo que podrían ilustrar las palabras. El vacío es la expresión de la precariedad.
Banco de Alimentos de Ourense: la imagen rebasa lo que podrían ilustrar las palabras. El vacío es la expresión de la precariedad. | Xesús Fariñas

La situación del Banco de Alimentos de Ourense es crítica. Quien se asoma a su bodega, ubicada en el Polígono de San Cibrao, percibe un vacío desolador. El fenómeno depende tanto de causas externas relacionadas con el encarecimiento de los combustibles por la guerra en Irán, como de los problemas sociodemográficos de Ourense, asociados al envejecimiento y la dispersión poblacional. El núcleo de este estado de cosas se halla en las cifras: en marzo de este año la provincia registró la mayor subida del IPC de toda España, alcanzando un 4,2% interanual. Esta cifra ubicó a Ourense por delante de grandes ciudades como Madrid (4,1%) y Toledo (4,0%).

Alza brutal de la cesta básica

Detrás de las estanterías vacías del Banco de Alimentos se encuentra el encarecimiento progresivo de la cesta básica de la compra, que acumula una subida del 39,9% en los últimos cinco años, según recogen los datos del IPC. A este golpe directo a la economía familiar se suman otros en gastos básicos para el día a día de los ourensanos como el incremento del 40,4% en el recibo del agua y los costes vinculados a la vivienda, siendo el apartado que más ha crecido en la provincia.

En conjunto, el coste de la vida en Ourense ha escalado un 24,7% en el último lustro, situándose por encima de la media de Galicia (23,4%) y de la media nacional (22,4%). En términos prácticos, una cesta de bienes que en 2021 costaba 1.000 euros requiere hoy un desembolso de 1.247 euros para los hogares ourensanos.

Crónica de la bodega desierta

Natalia González, responsable del Banco de Alimentos de Ourense, asegura que se trata de la “pura realidad”. “No disponemos de productos básicos. Nos quedamos sin aceite, leche, galletas, cacao, pasta ni arroz”. En cuanto a las aportaciones monetarias, la responsable remarca: “Las donaciones han disminuido porque la situación a nivel general es crítica para muchas personas y después el valor de los alimentos se ha incrementado tanto que tampoco la gente dona tantas cantidades como antes”.

Sobre el perfil del donante acorralado por las circunstancias, González destaca que cada vez hay más personas en situación de necesidad en muchos entornos y “la capacidad de ayudar a otros se reduce drásticamente”. “La situación es crónica si tenemos en cuenta que nosotros colaboramos con 3.000 familias, dentro de las cuales hay 500 niños que comen en el comedor escolar, y ahora en verano se quedarán sin esa ayuda”, alertó González.

No asoman voluntarios

Al fenómeno de la “bodega vacía” se suma una apatía general hacia el voluntariado por razones de edad o simple desmotivación. “En junio lanzaremos otra vez la propuesta a todos los centros de enseñanza con el fin de lograr una mayor captación de voluntarios para la campaña de la ‘Gran Recogida’”, anuncia la encargada Natalia González. “El perfil más útil es aquel voluntario que trabaja en campañas de supermercados, gente joven y carismática, capaz de sensibilizar a los potenciales donantes”, enfatizó la responsable del Banco de Alimentos.

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