La neutralidad en un mundo complejo

CARTA AL DIRECTOR

Publicado: 03 ene 2026 - 03:40

Carta al director
Carta al director

El camino de la democracia es largo y difícil. No se puede avanzar sino es en el horizonte de la utopía, y en la fidelidad pragmática a los principios. Pero también desenmacarando aquellos actores que forman barrera impenetrable a la justicia. La llamada neutralidad en mundo de contradicciones, es una apuesta por la desigualdad y el desequilibrio social.

En la historia abundan los episodios en los que la llamada “neutralidad” han desembocado en posiciones con difícil recondución a una situación equitativa. La neutralidad no es un recurso fácil. La neutralidad significa complicidad con el opresor. Aquellos que odiaban la injusticia estan obligados a luchar con resto de sus fuerzas en todo momento y en todas sus formas cualquiera que sea su enmascaramiento.

La pasividad o la supuesta neutralidad solo ratifican y perpetúan la situación injusta. No puede haber neutralidad ante la injusticia, ante los oprimidos, especialmente los pobres. La Constitución los Evangelios son un grito liberador ante la violencia institucional y buscando la paz a través de la construcción de una sociedad más justa. La opresión no siempre se manifiesta de la misma manera, ni siempre es originada por la misma causa. El esquema de la opresión del hombre por el hombre adquiere formas muy variadas, tanto a nivel individual como colectivo. Lo cierto es, que actualmente “la opresión tiene unas características históricas globales que no pueden ignorarse y de las que son responsables activos los neutrales, y los que no se oponen apoyando el esfuerzo de la justicia. Dice I. Ellacuría, la neutralidad debe comenzar a reconocer su contribución injusta de los hombres. Cuando el punto de referencia de los otros mundos, es el pueblo sufriente el que puede conocer la verdad por lo que producen a modo de un espejo invertido. El pueblo sufriente ilumina lo que históricamente puede y debe ser la utopía. Esa utopía no puede ni debe ser otra cosa que la exaltación de la “civilización de la pobreza”, el compartir todos austeramente los recursos de la tierra y la civilización del trabajo, que ha de prevalecer sobre la civilización del capital salvaje inhumano.

Nos es buena la posición de quienes solamente se dedican a la repetición de lo hallado por otros, a la dialéctica destructiva mediante el silencio de lo que aparentemente no coincide con lo nuestro, ya que así nos quedamos sin pensamiento vivo, sin propuestas vivas en un mundo complejo. La neutralidad en un mundo complejo es un abundamiento en la injusticia. El Evangelio no es neutral, tampoco la Constitución.

Moncho Ramos Requejo

(Maceda)

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