La fiebre de la inteligencia artificial salta de los chips a las redes eléctricas y la energía nuclear

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BlackRock advierte de que la exposición a la IA se ha multiplicado también en índices que no están especializados en tecnología

Central nuclear en Eslovenia
Central nuclear en Eslovenia | Slovenské elektrárne

La inversión en inteligencia artificial empieza a desbordar los límites del sector tecnológico. Después de concentrar miles de millones en fabricantes de chips, centros de datos y grandes plataformas digitales, su expansión abre una nueva etapa de apuesta por redes eléctricas, infraestructuras, materias primas y energía nuclear. Es ahí, en todo lo necesario para alimentar y sostener su crecimiento, donde BlackRock identifica algunas de las principales oportunidades del mercado para los próximos meses.

De hecho, en su último informe sobre perspectivas de inversión, la mayor gestora de activos del mundo advierte que la exposición a la IA se ha extendido por las carteras de una forma que no siempre resulta evidente, llegando a duplicar el peso que tenían hace apenas tres años en índices bursátiles de Estados Unidos que reúnen empresas de todos los sectores y hasta a triplicarlo en los mercados emergentes. Además, detecta que alrededor del 14% del índice de deuda corporativa europea corresponde a emisores estadounidenses y que aproximadamente la mitad de esa exposición está vinculada a compañías beneficiarias de la IA.

Pero, tras señalar ese riesgo de exposición indeseada, BlackRock mantiene su confianza en el núcleo tecnológico de la inteligencia artificial. Las "caídas" que protagonizaron este verano, sostiene, no responden a un deterioro del negocio, pues incluso se produjo una mejora de las expectativas de beneficios.

Con todo, incide en la idea de que la gran necesidad de electricidad de los centros de datos está trasladando una parte de la oportunidad hacia la economía física: el consumo eléctrico de la Unión Europea habrá aumentado un 60% en 2030 con respecto a solo siete años antes, y la adaptación necesaria para ese salto requerirá cerca de 600.000 millones de euros. Es por ello que se abren, recalca, "oportunidades" en infraestructuras y energía que tendrán entre sus beneficiarios a las empresas de construcción, materiales, transporte y equipamiento eléctrico.

En este punto, la compañía norteamericana apunta hacia la energía nuclear: una fuente estable y baja en carbono capaz de atender de manera continua la demanda de los centros de datos. El mayor respaldo político, el avance de nuevos proyectos y el crecimiento de las carteras de pedidos de las compañías del sector refuerzan, a su juicio, su atractivo inversor.

Fuera de Estados Unidos

Además, de cara a compensar la concentración estadounidense, BlackRock mira hacia Japón e India. La Bolsa japonesa ha avanzado cerca de un 30% durante el último año, impulsada por el crecimiento de los beneficios y las reformas empresariales, aunque los múltiplos de las grandes compañías se han abaratado alrededor de un 7% desde comienzos de este ejercicio. En este contexto, la gestora destaca especialmente a los bancos nipones, que pueden beneficiarse de la normalización de los tipos de interés, la recuperación del consumo y el regreso de la inflación.

India ofrece una oportunidad distinta. Su mercado ha sido castigado en parte por la elevada presencia de compañías de software, pero los beneficios empresariales apenas han retrocedido un 1,9% durante el año. Como consecuencia, los inversores pagan ahora 21,7 veces los beneficios previstos, cinco puntos menos que en enero, de modo que detecta potencial en entrar en el accionariado de una empresa que no se ha deteriorado tanto como sugiere su corrección bursátil.

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