Fernando Ramos
HISTORIAS DE UN SENTIMENTAL
Gallegos por el mundo y anécdotas y episodios americanos
Vía de servicio
Tiene poco sentido intentar desligar la reunión entre el presidente de la Generalitat, Salvador Illa y el prófugo Carles Puigdemont del resto de asuntos relacionados con la recuperación de la normalidad de Cataluña y el abandono del procés de la mayor parte de la sociedad catalana, del intento de lograr una financiación singular para Cataluña, de la quita de deuda a las comunidades autónomas y de la hipotética aprobación de los Presupuestos Generales del Estado, sin desdeñar que los partidos políticos comienza a poner las luces largas de cara al próximo periodo electoral
El tiempo dirá si tantas contradicciones y tantas cesiones han arrojado los resultados esperados
Todo se mezcla y está imbricado y la perspectiva que ofrece el gesto de Illa es que puede llevar a la solución de algunos de esos asuntos con la paradoja de que la anormalidad de un encuentro entre un representante institucional y un huido de la justicia contribuye a la normalización de las relaciones políticas en Cataluña. El tiempo dirá si tantas contradicciones y tantas cesiones han arrojado los resultados esperados. A corto plazo está resultando así, y el Gobierno parece dispuesto a seguir trabajando en el circo de varias pistas que representa el independentismo catalán.
Habrá que esperar a las reuniones de Carles Puigdemont con los suyos para tener noticia de las consecuencias de lo hablado entre el expresidente catalán y el actual para la gobernabilidad de España, dado que la de Cataluña la tiene atada Illa con ERC a un coste también muy elevado para el conjunto del país en forma de quita de la deuda y de una financiación singular que por ahora no son capaces de gestionar, y que en un plazo de dos años, como mucho, pasará a engrosar otro capítulo a resolver en el futuro, porque otro gobierno no querrá oír hablar de él.
Si la reunión de Illa con Puigdemont no ha servido para que Junts vote a favor de la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado su virtualidad habrá sido muy escasa. Puigdemont sabe que dos de sus demandas irredentas, la oficialidad del catalán en la UE y la aplicación de la amnistía legal -la política ya la tiene- ya han dejado de depender de Pedro Sánchez, y que solo le queda poder obtener más inversiones. Sin su apoyo, Pedro Sánchez podrá ir trampeando y ganando tiempo a la vez que se asoma al precipicio por el que también caerán las pretensiones de Junts.
La apuesta del Gobierno por la quita de una parte de la deuda de las comunidades autónomas es al mismo tiempo necesaria, lpara allegar recursos para los servicios públicos de las comunidades autónomas más infrafinanciadas, y contraproducente, porque no oculta que además de ser un pago por los servicios prestados por los independentistas es fuente de agravios comparativos a la hora de pagar entre todos lo que más beneficia a esa comunidad autónoma.
Solo si se rompe el bloque monolítico en contra de la quita de la deuda que presentan las comunidades autónomas gobernadas por el PP el Gobierno podrá apuntarse un triunfo de relumbrón porque habría quebrado la estrategia de Génova y tendrá una base sobre la que iniciar las campañas electorales en Castilla y León y Andalucía tanto si la aceptan, porque habrían dado la razón a Sánchez, como si la rechazan en contra de los intereses de sus ciudadanos porque la propuesta viene “del mal” absoluto que es el Gobierno.
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