La misma corrupción, la misma reacción

VÍA DE SERVICIO

Publicado: 24 nov 2025 - 09:30

Opinión en La Región
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Si los casos de corrupción por los que están procesados los dos últimos secretarios de Organización del PSOE, José Luis Ábalos y Santos Cerdán, obedecen al modus operandi más habitual de los casos de corrupción política, el cobro de comisiones a cambio de la concesión de obra pública, la reacción que ha tenido el presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, que los nombró, tampoco se ha apartado de las excusas habituales que los dirigentes políticos utilizan cuando han de hacer frente a aquellos que les afectan. Si Mariano Rajoy dijo de la Gürtel que “no era un caso del PP, sino contra el PP”, Sánchez ha circunscrito su reacción a que se trata de un asunto que afecta a unas personas determinadas, que el asunto “está perimetrado” y que nadie fue capaz de atisbar que la corrupción se había instalado en el corazón de su partido.

Como los instrumentos para frenar la corrupción con alcance político, allí donde se sabe que se produce con más frecuencia, no se han revelado eficaces ni en la legislación nacional ni en los controles internos de los partidos, cada cierto tiempo se asiste a este tipo de convulsiones, conocidas por la acción de la justicia y de las fuerzas de seguridad, mientras que en otras que seguramente están por descubrirse volverá a repetirse la misma secuencia de hechos, la declaración de inocencia de los inculpados, el estupor entre los dirigentes de su partido, las justificaciones inverosímiles, dilatarlo todo a la espera de la acción de la justicia, y en el menor porcentaje de casos la asunción de responsabilidades políticas, inevitables si se demuestra la financiación ilegal de un partido.

Los instrumentos para frenar la corrupción con alcance político no se han revelado eficaces ni en la legislación nacional ni en los controles internos de los partidos

Esa es la clave del arco de todos los casos de corrupción. Así lo consideran todos los partidos que son aliados parlamentarios del Gobierno que avisan a Sánchez de que demostrarse ese extremo en el caso “Koldo-Abalos-Cerdán”, la convocatoria de elecciones anticipadas sería inexcusable, mientras se echa en falta una actitud más contundente de la dirección socialista en la condena de estos asuntos y de otros colaterales surgidos en lo que se han dado en llamar las cloacas de Ferraz. A medida que se estrecha el cerco judicial sobre los investigados en los casos de corrupción que afectan al PSOE crecen las posibilidades de que en sus estrategias de defensa aparezcan declaraciones que pongan de manifiesto que existía un conocimiento por parte de la dirección socialista de sus andanzas.

Hasta el momento ha primado la “omertá” y la lealtad hacia el partido en el que militaron, lo que permite al PSOE mantener que las medidas adoptadas contra ellos, la expulsión del partido, es una reacción suficiente para cubrir las responsabilidades políticas, excluyendo las que corresponden al fallo de los controles internos, que en el caso de Santos Cerdán trasladó su trama de corrupción -que empezó a urdir en Navarra- a Madrid apenas asumir responsabilidades en la dirección del PSOE. Y lo peor es que cuando Sánchez parecía decidido a endurecer los controles para que no se vuelvan a repetir casos como los de sus dos secretarios de Organización, y propuso la elaboración de un plan estatal de lucha contra la corrupción, cuatro meses después nada se sabe de esa iniciativa, que debe cortar las alas tanto a los corruptos como a los corruptores.

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