En Portada: La ley de las torrijas de la abuela

Las abuelas de la guerra y la posguerra eran muy reacias a tirar comida, cualquier clase de comida. Lo que antes era una costumbre instaurada a fuego por la cartilla de racionamiento, ahora hay instituirlo socialmente en base a la Ley contra el desperdicio alimentario que acaba de entrar en vigor. Cada hogar ourensano tira 26 kilos de comida al año.

Publicado: 08 abr 2026 - 14:11 Actualizado: 08 abr 2026 - 14:25
Opinión Xaime Calviño
Opinión Xaime Calviño | La Región

Quienes hayan tenido una abuela de la guerra y la posguerra al mando, como el que esto relata, pueden dar fe de que el pan duro lo mismo sirve para las torrijas y los picatostes que para las gallinas. Las abuelas de antes iban con carrito a la plaza de abastos y cultivaban espinacas, como ahora los modernos. Eran costumbres forjadas por la universidad de la vida, lecciones en forma de cartilla de racionamiento guardada para la posteridad entre recetas de patatas viudas.

Lo que la estrechez instituyó a fuego entre las abuelas de la guerra y la posguerra ahora hay que instaurarlo por ley. La llamada Ley de prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario entró en vigor el 3 de abril tras un año de prueba para su correcta aplicación. De esta forma, los restaurantes deben facilitar de forma gratuita los envases para llevarse la comida sobrante -este servicio, cada vez más extendido, dependía hasta ahora de la cortesía del local-; y los supermercados tienen que ofrecer alimentos próximos a su caducidad con descuentos, entre otras medidas. El mayor desafío es que la norma actúa en el ámbito de la hostelería y la venta de productos, pero no en casa: ahí no hay más remedio que recuperar la receta de la abuela. Cada ourensano, según publica este diario, tira 26 kilos de comida al año.

En general, las abuelas de la guerra y la posguerra habían borrado de su particular diccionario el verbo "tirar". No solo la comida. Entonces las cosas se arreglaban, se reparaban, se zurcían o se componían. Viejos verbos que convendría recuperar.

La pregunta que les formulo es la siguiente: ¿es usted de los que piden el táper con las sobras en el restaurante o es de los que le da vergüenza llevarse la comida a casa?

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