Primeros nombramientos de Trump

Publicado: 15 nov 2024 - 00:25

Hay quien pensaba que Donald Trump simplemente exageraba, que después de todo el extremismo polarizador de campaña (tan disruptivo del orden liberal-democrático establecido por los Founding Fathers del siglo XVIII y del liderazgo del Occidente moderno de raíz ilustrada durante los últimos setenta y cinco años), el nuevo (y antiguo) presidente recuperaría el sentido común al volver a sentarse en el Despacho Oval, y entonces nada sería para tanto, la sangre no llegaría al río.

Pues bien, quien así pensara se equivocó de plano. Esta misma semana se han hecho realidad las peores pesadillas de cualquiera que tenga dos dedos de frente geopolítica. Con el nuevo Trump, un Trump que no va a tener ya los frenos y controles de su anterior mandato, los Estados Unidos se están pasando al lado oscuro. Las fuerzas domésticas y globales que le vuelven a colocar en poder no van a tardar en cobrarse su apoyo.

Así, para fiscal general federal, Trump ha anunciado que nombra a Matt Gaetz. Sí, se trata de aquel extremista de Florida que en las votaciones parlamentarias se quedaba solo en toda la cámara votando por Trump para presidente de la mesa sin que el magnate se hubiera presentado siquiera a semejante cargo. Gaetz es uno de los más feroces señaladores del viejo “establishment” y del viejo “deep state”, y por tanto uno de los más fervientes partidarios del nuevo “establishment” alternativo y del nuevo “deep state” alternativo bajo el reinado de Trump y para su completo golpe de timón al país. Pero Gaetz sólo es uno de los lugartenientes más preocupantes, un auténtico histrión que será muy del agrado de los nacional-populistas a quienes tanto gustan los personajes toscos, faltones y arrogantes.

Para asegurar la “eficiencia” del Estado y reducir burocracia y regulación —objetivos muy loables si se encomendaran a gente adecuada— Trump ha nombrado a dos personajes, Elon Musk y Vivek Ramaswamy, que están estrechamente conectados con Rusia. No es sorprendente que la televisión pública rusa haya recibido con entusiasmo esos dos nombramientos, igual que la propia elección de Trump. Musk parece haber hablado en privado durante horas, en múltiples ocasiones, con el dictador ruso desde la invasión de Ucrania. Esto explicaría el cambio de parecer sobre Ucrania de este magnate errático, de prestar gratuitamente Starlink a los ucranianos a retirar su apoyo y acabar quitando el mismo sistema a Taiwán a petición de Moscú, como favor de Putin a Xi.

Musk parece haber sufrido una epifanía anti-woke (también conocida como Woke Derangement Syndrom) a raíz de la ruptura de su relación con su hija transexual, lo que le habría llevado de golpe a abrazar las posiciones más hiperconservadoras en todos los campos. Además, todos los indicios apuntan a una posible colaboración rusa en la macrooperación de compra de Twitter, que ha sido el ingrediente clave en la fórmula que ha llevado a Trump de vuelta al poder.

Sin embargo, algunos dicen que Trump está dando una de cal y otra de arena a Putin, porque el nuevo secretario de Estado (ministro de Exteriores) va a ser Marco Rubio, a quien se supone contrario a Putin y Maduro y favorable a Taiwán. Sería un buen paso, teóricamente, tras los años de insoportable debilidad de Antony Blinken, pero ya veremos cuánto poder real le va a dar el presidente.

En realidad, esto parece a todas luces una maniobra destinada a tranquilizar a los europeos poniendo al frente de la diplomacia a un supuesto perro de presa antiputinista pero manteniendo Trump la última palabra en política exterior. Es necesario recordar que en los Estados Unidos el presidente se ocupa muy directamente de las relaciones exteriores y el secretario de Estado es un cargo relativamente secundario.

Sólo personajes de la talla de Henry Kissinger lograron hacerse de verdad con las riendas de ese departamento. Y no faltan quienes ven en este nombramiento una maniobra del taimado presidente para que Rubio pierda su escaño del Senado, y luego despedirle cuando quiera y acabar así con la carrera del político hispano.

Pero lo peor de todo es el nombramiento de Tulsi Gabbard. Esta política exdemócrata, tránsfuga desde este mismo año, ve premiado su más que cuestionable salto directo al Partido Republicano. Se le encarga nada menos que de la jefatura de todos los servicios de inteligencia de los Estados Unidos. Es un auténtico despropósito. Es un peligro grave e inminente porque Gabbard es considerada de forma general como el máximo “Russian asset” en la política de su país. Gabbard no ha escatimado a lo largo de los años en críticas ácidas contra los aliados de Washington en Europa, ni en elogios al dictador ruso e incluso a su rey de taifa en Siria, el tirano e hijo de tirano Bachar al-Assad. No cabe duda de que con Gabbard al frente de la NSA y la CIA, corren peligro los secretos de los Estados Unidos y de todo Occidente. Ya deben de estar echando humo las trituradoras de papel en todos los países aliados de unos Estados Unidos que ahora parecen decididos a traicionarnos. Es una pésima noticia para el mundo libre o lo que, con Trump, va a quedar de él.

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