La inflación rompe el ciclo mundial de bajadas de tipos y los analistas descartan la vuelta al dinero barato

POLÍTICA MONETARIA

Brasil se sitúa como la única entre las principales economías del mundo que ha recortado el precio de su dinero

Análisis del mercado financiero
Análisis del mercado financiero

La aparente convergencia de los bancos centrales hacia unos tipos de interés más bajos se ha terminado. El encarecimiento de la energía, las restricciones de oferta y la presión inversora asociada a la inteligencia artificial han devuelto la inflación al centro de las decisiones monetarias y han obligado a las principales economías a cambiar de rumbo.

Si bien no se trata todavía de un regreso generalizado a la gran ofensiva contra la inflación iniciada en 2022, la apuesta generalizada por bajar tipos se ha visto interrumpida, hasta el punto de que Brasil se convierte en la única entre las principales economías del mundo que opta por seguir recortando el precio del dinero.

La UE y EEUU endurecen

Estados Unidos y la Unión Europea han sido los primeros en anunciar subidas. En su última reunión, en septiembre, el Banco Central Europeo confirmó el giro al elevar en un cuarto de punto sus tres tipos oficiales. La facilidad de depósito quedó en el 2,50%; las operaciones principales de financiación, en el 2,65%, y la facilidad marginal de crédito, en el 2,90%; y seis días más tarde fue el turno de la Reserva Federal. En contra de los deseos de Trump, ejecutó su primera subida en tres años y situó el tipo de interés en una horquilla del 3,75% al 4%, y buena parte de sus integrantes considera que podría ser necesario otro incremento antes de terminar el año.

A pesar de esta unidad de criterio en sus dos grandes vecinos monetarios, Reino Unido no ha seguido sus pasos. El Banco de Inglaterra mantiene el 3,75% como referencia, aunque tres de sus nueve miembros votaron por elevarlo al 4% y no se descarta que esa opción gane adeptos hacia final de año si la perturbación energética se prolonga.

En el resto de Europa fuera de la zona euro, Suecia también optó por no alterar la situación (en el 1,75%), aunque dejó la puerta abierta a una subida antes de finalizar el año, mientras la vecina Noruega subió su tipo al 4,50% ante la resistencia de la inflación interna. Por su parte, Suiza conservó el 0% por quinta reunión trimestral consecutiva, protegida por la fortaleza del franco y unas presiones de precios considerablemente menores.

En los márgenes de Europa, tanto Rusia como Turquía han detenido su ciclo de bajadas. Desde Moscú, tras diez recortes consecutivos desde el máximo del 21%, en la última reunión de este trimestre se acordó mantener el tipo en el 14%; mientras Ankara dejó su referencia en el 37%, todavía condicionada por una inflación que impide una normalización rápida de la política monetaria.

Mientras tanto, en Canadá, la tasa se mantiene desde finales de 2025 en el 2,25% a pesar del contexto de debilidad económica y las expectativas de subida de la inflación.

Brasil, la única excepción

Frente a esta nueva corriente, el banco central de Brasil ha tomado la senda opuesta, con una rebaja en la tasa oficial de un cuarto de punto, hasta el 13,75%, en el que es ya el quinto recorte consecutivo. El país conserva, pese a ello, uno de los tipos reales más elevados del mundo y la autoridad monetaria ha evitado comprometerse con una aceleración de las bajadas.

Por su parte, México mantuvo su referencia en el 6,5%. Si bien la decisión fue unánime, el banco central eliminó la indicación de que los tipos permanecerían inalterados durante un periodo prolongado. En otras economías de la región, como Colombia, los tipos de interés han subido en 25 puntos básicos —hasta el 12,25%—, de modo que vuelven a máximos desde marzo de 2024; y en República Dominicana los tipos se han movido por primera vez en un año, con una subida que los sitúa en el 5,5%.

El caso chino

En el entorno del Pacífico, las principales economías han apostado por elevar los precios oficiales del dinero. Australia (4,6%), Nueva Zelanda (2,75%), Corea del Sur (3%) y Japón (1,25%) han optado por subidas de un cuarto de punto ante las presiones inflacionistas.

Solo China rompe este panorama. Su banco central ha decidido mantener los tipos sin cambios, pero, en un intento de estimular su economía, introdujo una rebaja en una facilidad específica destinada a financiar proyectos que considere estratégicos a través de la banca pública. Hong Kong, en cambio, elevó su tipo base al 4,25%.

Dentro del continente asiático, las economías del golfo Pérsico han importado la subida de tipos de Estados Unidos con la única excepción de Kuwait. Mientras Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Omán, Qatar y Bahréin incrementaron sus tipos en 25 puntos básicos, Kuwait mantuvo su tasa de descuento en el 3,50%.

La decisión del banco central de India correspondiente a este trimestre no se conocerá hasta mediados de la próxima semana, pero su última apuesta ha sido mantenerse en el 5,25%.

Los analistas descartan una rápida vuelta al dinero barato

Mientras todo esto sucede, las perspectivas de los principales analistas apuntan a que esta tendencia se endurecerá.

Bank of America, de hecho, interpreta esta subida como el comienzo de una fase más prolongada de subidas. Sus cálculos apuntan a que el Banco Central Europeo volverá a elevar el tipo de depósito en diciembre, a que el Banco de Inglaterra podría subir en noviembre y de nuevo en febrero y que la Fed verá todavía dos incrementos adicionales antes de hacer una pausa.

Julius Baer coincide en que los bancos centrales se encuentran otra vez en modo de lucha contra la inflación, aunque no descarta que los mercados puedan estar exagerando la velocidad de las próximas subidas estadounidenses. En todo caso, con la vista puesta en Europa, calcula una rentabilidad de la banca en el entorno del 7%, impulsada por una combinación de tipos más altos y una mejora de beneficios que alcanza un 17% desde principios de año.

BlackRock amplía más el foco. Sostiene que la inteligencia artificial está impulsando los beneficios empresariales, pero también intensificando la competencia por la energía, las infraestructuras y el capital, y alerta de que esa combinación puede mantener elevados los rendimientos de los bonos incluso cuando algunos bancos centrales dejen de subir sus tipos.

De este modo, la conclusión común es que los tipos difícilmente regresarán pronto a los niveles extraordinariamente bajos de la pasada década, y plantean una etapa de divergencia en la que cada banco central deberá escoger entre proteger el crecimiento o impedir que el encarecimiento de la energía vuelva a instalarse en los precios.

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