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ENXEBRE OURENSÁ
El aroma a tierra mojada, el verde intenso del musgo y el rítmico sonido de los martillos contra la madera anuncian que Ourense está a punto de florecer. Como cada primavera, la ciudad se prepara para recibir una de sus tradiciones más arraigadas: la fiesta de los Maios.
El próximo 3 de mayo, la calle del Paseo y sus alrededores se transformarán en un museo efímero de estructuras vegetales y crítica social. A las 11,00 comenzará la exposición. Media hora después, a lo largo de la arteria, se verán desfiles de cabezudos y gigantes con animaciones de música tradicional que comprenderán el parque de San Lázaro, la calle Santo Domingo, la plaza del Hierro. A las 12 comenzará el canto de coplas ante el jurado, y a las 19,00 finalizará la festividad con la premiación y canto de las mejores coplas en la Plaza Mayor. Un concierto de Amancio Prada frente al Concello será el broche de oro para la ocasión. Los orígenes Aunque hoy la vemos como una explosión festiva, la Festa dos Maios es un eco de ritos ancestrales que celebraban la victoria de la primavera sobre el invierno. Sus orígenes se remontan a cultos precristianos de fertilidad, posiblemente de raíz celta, donde la naturaleza se personificaba para asegurar buenas cosechas. Con el paso de los siglos, esta tradición -declarada de Interés Turístico Nacional- evolucionó desde las humildes cuestaciones infantiles con ramos de flores hasta las monumentales estructuras cónicas o representativas que hoy admiramos, consolidándose como una seña de identidad innegable de la Ourense urbana y rural.
Este año, la preparación está marcada por el entusiasmo de las asociaciones vecinales y grupos culturales que, a pesar de las dificultades climáticas, ultiman los detalles de sus creaciones. El proceso es laborioso: desde la construcción del armazón de madera hasta el meticuloso “cosido” del musgo y la recolección de los carrabouxos. La verdadera magia no ocurre en la plaza, sino en los garajes y bajos de las viviendas. La construcción de un Maio actúa como un pegamento de sensibilidad y memoria. Saberes compartidos No es raro ver a tres generaciones trabajando bajo una misma lona: los abuelos, depositarios del saber técnico, dirigen la colocación del musgo; los padres se encargan de la logística y la estructura; y los niños, con manos ágiles, ensartan los carrabouxos y las flores de frouma.
El rigor artesanal de esta fiesta exige una planificación casi arquitectónica. El proceso se divide en fases críticas que requieren una pericia técnica notable. Se diseñan estructuras de madera ligeras pero resistentes. Aunque el modelo tradicional es el cono, las figuras “artísticas” recrean monumentos de la ciudad con una fidelidad asombrosa.
El musgo no se pega, se “cose” a la estructura. Se utiliza hilo fino o alambre para fijar las placas verdes, buscando una textura uniforme que debe mantenerse húmeda para conservar el brillo. Se trata de un trabajo basado en la delicadeza y el tacto, que requiere concentrar habilidades de trabajo en equipo y una organización democrática en la toma de decisiones. La voz popular Mientras las manos trabajan la madera, las mentes afilan la lengua. La crítica social y política se plasma en las coplas, versos satíricos donde la retranca y humor repasan los sucesos más destacados del año. Se produce entonces una catarsis popular donde afloran todas las inquietudes que antes se socializaban en casa o en reuniones de amigos.
Los Maios se convierten en un testimonio de las preocupaciones colectivas, dejando de ser solo una pieza de artesanía para convertirse en un altavoz que da la bienvenida al ciclo de la vida.
La Asociación Auriense tiene propuestas de gran interés para esta edición. Su aportación busca equilibrar el respeto por las formas clásicas con el reconocimiento a las figuras ilustres de la tierra. Daniel Gómez Rodríguez, representante de la entidad, explica que este año redoblan sus esfuerzos: “Presentamos dos mayos. Uno en la categoría enxebre, con coplas genéricas en las que hablamos un poco de todo, y otro artístico”.
Este segundo proyecto tiene una carga emocional y cultural profunda. “Este año, por ser el Ano Oteriano, se lo dedicamos a él, que entre otras cosas también fue presidente de nuestra asociación. Todo va relacionado con su figura, incluso las coplas son monotemáticas alrededor de su vida y obra, recorriendo lugares como O Carballiño o Trasalba, es nuestra forma de rendirle un merecido homenaje al Patriarca das letras Galegas”, añade Gómez.
Es un ejemplo de cómo los Maios no solo celebran la llegada de la primavera, sino que sirven como vehículo de identidad y memoria histórica.
En otros puntos de la ciudad, como la Plaza de San Cosme, el trabajo es igualmente apasionado. El grupo Maio Bubuxas representa el estilo tradicional. Luango Alfonso se encarga de coordinar la construcción de un Maio infantil que sigue los cánones clásicos: una pirámide de tres caras cubierta de musgo y decorada con flores. “El proceso empieza con las coplas, pero la parte física fuerte ocurre esta semana”, explica Luango. “Compramos los palos, montamos la estructura con madera y saco, y luego salimos a buscar el musgo y las flores”, explica Luango. Para estos colectivos, el éxito no reside en la complejidad artística, sino en mantener viva la llama de la categoría infantil, asegurando que los más jóvenes aprendan el oficio de “vestir” el mayo.
Cuando el próximo 3 de mayo los primeros rayos de sol iluminen las estructuras en el Paseo o la Plaza Mayor, el esfuerzo de los ourensanos cobrará sentido. Ourense volverá a demostrar que, entre rimas y coronas de flores, su primavera es, ante todo, una obra de arte colectiva.
La Asociación de Padres (Anpa) del CEIP Inmaculada ultima su participación en la Festa dos Maios de Ourense con el maio temático “El Bosque Mágico”. En su creación han colaborado 150 alumnos de Infantil y Primaria para recrear un escenario de coloridos duendes y hadas.
Noemí Torres Velasco, de la directiva de la Anpa, destaca la emoción de los niños al reconocer su obra: “llega el domingo y están allí en plan: "¡Mira, eso lo hice yo!" es una gran ilusión para ellos, además de verlos cantar y aprovechar que es el día de la madre para hacer algo en familia”.
Las coplas presentadas este año dan voz a la neurodivergencia con el apoyo de Tourette Galicia y Autismo Ourense. Como hito de inclusión, Autismo Ourense ha adaptado los textos a pictogramas para facilitar su comprensión plena.
El centro, que obtuvo un segundo premio en la categoría “Maio enxebre” en 2024, busca en esta nueva edición promover la convivencia, pues como dice una estrofa de sus coplas: “somos diferentes, pero nada pasa, hai que ser conscientes”.
En la Asociación de Vecinos Casco Vello, niños y padres van conformando sus ilusiones en forma de pirámide. Exhibir su creación es solo parte de una intención mayor: fomentar el trabajo en equipo.
Marta María Rey Vila, miembro de la Asociación de Padres (Anpa) del CEIP Plurilingüe Irmáns Villar, acerca de la participación de ellos y niños de quinto de Primaria explicó: “Presentaremos dous maios na categoría de enxebre e infantil”.
Aunque hasta el momento todavía no tengan en sus vitrinas algún reconocimiento de las ediciones anteriores, para los implicados en la confección de estos maios, hay instantes que valen más que la alegría momentánea del triunfo: ver su trabajo concluido. No obstante, el esfuerzo en cada movimiento es notable; si obtener algún premio es una posibilidad, los chicos van a por todo.
Cuando quedan solamente un par de días para ubicarse en Paseo, la energía de estos artesanos de la naturaleza es inagotable para que el verde del musgo mantenga su atractivo y no se marchite.
Los grupos que trabajan en las estructuras vegetales se han encontrado este año con obstáculos inesperados. El invierno, aunque húmedo, dio paso a un inicio de primavera inusualmente caluroso. Desde la asociación Os Lolailos, un grupo que nació del carnaval y lleva ya una década participando en esta cita, Jacobo Ovejero destaca la dificultad técnica de esta edición. “Este año hay muchísima escasez de carrabouxo. Y el musgo, aunque vino un invierno húmedo, con el calor de estos últimos meses está muy seco y se rompe al coserlo”, comenta mientras describe el arduo trabajo de unas quince personas.
A pesar de los retos, el espíritu de Os Lolailos se mantiene intacto, guardando bajo llave el secreto de su diseño artístico. “Nunca decimos lo que llevamos hasta el propio domingo. Es una especie de superstición positiva. Nos solemos enfocar en algo de Ourense con tradición”, afirma Jacobo, quien subraya que para ellos lo más importante es la alegría, el sonido de las panderetas y las coplas.
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