Guerra en Ucrania
El impacto devastador de cuatro años de guerra en Ucrania
Guerra en Ucrania
Rusia y Ucrania arrancan hoy su quinto año de guerra. Miles de vidas, miles de millones de euros y una enorme fractura en la estabilidad europea resumen el coste fundamental del que se considera ya el mayor conflicto de Europa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial debido a sus implicaciones geopolíticas, relacionadas con la ambición expansionista del Kremlin y con su decisión de frenar la ampliación de la OTAN.
Y, pese al impulso de Estados Unidos para tratar de poner fin al conflicto, su final no parece próximo. Las tres rondas de negociación que se han celebrado hasta la fecha no han ofrecido grandes resultados, más allá de cuestiones técnicas y un intercambio de prisioneros; y las diferencias todavía se consideran insalvables en lo relativo a las garantías de seguridad para Ucrania en el contexto de posguerra y, con mayor intensidad, en lo que atañe al territorio ucraniano que Moscú reclama para sí.
La cronificación de esta guerra, que Rusia planteó como una invasión relámpago, deja ya un balance devastador y, sin una perspectiva de resolución a la vista, consume recursos humanos, económicos y políticos a un ritmo difícilmente sostenible para ninguna de las partes.
En el plano personal, mientras la población ucraniana sobre los rigores del duro invierno de Europa del este en medio de apagones y cortes de agua ocasionados por ataques rusos contra la infraestructura energética, Naciones Unidas apunta que hay seis millones de ucranianos refugiados de la guerra en el extranjero y varios millones más desplazados dentro del propio país. Por su parte, Unicef pone el foco en la situación de los 2,6 millones de niños ucranianos desplazados que deja el enfrentamiento armado.
En cuanto al frente de batalla, el número de muertes es incierto. No obstante, el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, un think tank con sede en Washington DC, calcula que las bajas rusas duplican las ucranianas y estima que antes del verano se alcanzará la dramática cifra de dos millones de personas fallecidas, desaparecidas o heridas. En concreto, las tropas soviéticas podrían alcanzar la cifra de 1,2 millones; muy por encima de los menos de 600.000 del país europeo.
En el caso de los caídos, Kiev rondaría los 120.000 y Moscú los 325.000. "Ninguna gran potencia ha sufrido cifras de bajas o muertes tan cercanas en ninguna guerra desde la Segunda Guerra Mundial", detalla el informe del citado foro de análisis, que ilustra la dureza de las cifras apuntando que Estados Unidos sufrió casi 55.000 muertes en Corea y más de 47.000 en Vietnam, y que el número de bajas rusas en Ucrania multiplica por cinco las pérdidas en combate en "todas las guerras rusas y soviéticas juntas" desde 1945.
Desde febrero de 2022, cuando Putin dio la orden de invadir Ucrania, las instituciones de la Unión Europea han entregado 195.000 millones de euros de apoyo al país que dirige Zelenski, y ya se ha aprobado un préstamo de 90.000 millones de euros para mantener el respaldo financiero del país hasta 2027 y sostener su seguridad y defensa. Los países aliados, con todo, han hecho otro tipo de aportaciones bilaterales, al igual que otras naciones fuera del viejo continente, como Estados Unidos, Canadá, Australia o Japón. Y, sin una perspectiva clara de cierre del conflicto bélico, las necesidades de Ucrania seguirán creciendo, al igual que la factura de la reconstrucción, que ronda ya los 550.000 millones de euros según los cálculos del Banco Mundial.
Actualmente, la economía ucraniana sobrevive gracias a una fuerte dependencia de la financiación internacional, configurada en torno a préstamos de la UE, el Banco Mundial y los países aliados. Sin embargo, su estructura productiva está dañada, al igual que su infraestructura energética; mientras sus ciudades han sido arrasadas y su población se halla sumamente empobrecida.
En el caso de Rusia, su economía se mantiene a flote, pero en una situación cada vez más frágil, pues, tras más de cuatro años de guerra, depende casi en exclusiva de la maquinaria de guerra. El consumo interno se ha enfriado, la inversión extranjera ha caído a mínimos históricos y los ingresos por petróleo y gas han sufrido un duro revés con las sanciones internacionales. Con el país aislado de los grandes flujos de capital, la previsión es que el PIB de Rusia siga desacelerándose y no llegue al 1% este año —muy lejos del 6% de 2021—. Y el declive de su industria apunta al declive de su económico si la guerra y el aislamiento económico continúan.
Los escollos de cara al fin de la guerra son fundamentalmente dos. Por un lado, las garantías que exige Zelenski de que Moscú no volverá a intentar invadir su país en el horizonte temporal inmediato y, por otro, la reclamación de Putin sobre toda la parte oriental de Ucrania.
Al respecto, el presidente soviético ha rechazado en numerosas ocasiones que una fuerza internacional de supervisión se instale en Ucrania, con la advertencia de que será considerado "objetivo militar legítimo", y tampoco renuncia a los territorios que ansía.
"Rusia liberará el Donbás y Novorossiya, ya sea militarmente o por otras vías", ha reiterado en varias ocasiones el presidente soviético, haciendo alusión a un término, Novorossiya, que se traduce literalmente como Nueva Rusia y abarca, desde su punto de vista, los territorios que incluyen las áreas de Járkov, Jersón, Mikolaiv, Zaporiyia, Odesa y Dnipropetrovsk, además de las provincias que componen el Donbás (Donetsk y Lugansk). Con estas regiones, Rusia se haría con todo el este de Ucrania, dejándola sin salida ni al mar Negro ni al mar de Azov, lo que conllevaría una modificación de la frontera este del viejo continente.
Desde el inicio de las hostilidades, se calcula que el ejército ruso ha logrado hacerse con alrededor del 20% del territorio de Ucrania: buena parte de las provincias de Donetsk y Lugansk, y de Jersón y Zaporiyia —donde se encuentra la mayor planta nuclear de Europa—. El porcentaje mencionado incluye asimismo la península de Crimea, anexionada por Moscú en 2014, así como las franjas del este que ya controlaban los separatistas prorrusos.
Así pues, cuando ya se han cumplido los cuatro años desde que Rusia decidiese invadir Ucrania, la propaganda del Kremlin sobre los supuestos avances militares de su ejército sobre el terreno se encuentra en entredicho, hasta el punto de que el propio Zelenski llegó a desplazarse a varias zonas que en teoría ya se encontraban bajo dominio ruso "para demostrar al mundo que Putin está mintiendo". También la inteligencia militar de Reino Unido ha puesto en cuestión algunos datos, como antes Estados Unidos, y a ello se suma el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, que estima que el ejército soviético ha ganado menos del 1,5% del territorio ucraniano desde principios de 2024.
En concreto, detalla que, en el punto álgido de la invasión, en marzo de 2022, las fuerzas rusas se habían apoderado de, aproximadamente, 115.000 kilómetros cuadrados en menos de cinco semanas; si bien en noviembre las tropas del país europeo ya habían logrado recuperar 75.000 a través de distintas contraofensivas. Y, cuatro años después del inicio de los ataques, los soviéticos solo se han hecho con 75.000 kilómetros cuadrados (el 12% de Ucrania), si bien controlan alrededor de 120.000 (el 20%). Por tanto, el avance no supera los 70 metros por día.
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