Líbano e Israel acuerdan un alto el fuego del que Hezbolá se desmarca: los ataques continuarán

Oriente Próximo

El gobierno de Netanyahu ya había anunciado que seguiría atacando a su vecino del norte y que no permitirá el regreso de los desplazados

Destrucción en Líbano
Destrucción en Líbano | Ali Hashisho

La negociación entre Líbano e Israel ha concluido con un acuerdo para implementar un alto el fuego que incluye el cese total de los ataques tanto por parte del ejército del país hebreo como de Hezbolá, y su retirada del sur del país. Sin embargo, horas después del anuncio, el ministro de Defensa de Netanyahu, en una interpretación particular de los términos pactados, dejaba ya claro que las hostilidades continuarían y la milicia chií, que no fue convocada a este diálogo, se desentendía de lo que consideró "una capitulación".

En concreto, en la ronda de conversaciones en Washington, mediada por la administración Trump, ambas delegaciones supeditaron la tregua a la evacuación de todos los miembros de Hezbolá de la zona sur de Líbano, tomando como referencia la franja del río Litani, en aras de garantizar la protección de Israel. De hecho, acordaron avanzar "rápidamente" en la creación de "zonas piloto" en las que las fuerzas armadas libanesas asumirían el control exclusivo del territorio, excluyendo así a la milicia chií y a cualquier otro actor "no estatal".

"El futuro de la relación entre Israel y Líbano debe ser decidido por los dos gobiernos soberanos", se hizo constar en un comunicado conjunto difundido a través del departamento de Estado de Estados Unidos, en el que también se puso de manifiesto el rechazo a cualquier intento de "tomar como rehén el futuro de Líbano". Esta crítica no solo se dirige a Hezbolá, sino también a Irán y a sus "actividades" enfocadas a "socavar la estabilidad" de todo Oriente Próximo. En esta negociación, que da continuidad al diálogo iniciado el pasado 29 de mayo, las partes se comprometieron también a continuar con conversaciones "directas" y a volver a verse dentro de tres semanas con el objetivo de sellar un acuerdo integral de convivencia entre los dos países mediterráneos.

Hezbolá y las fronteras, sobre la mesa

Las conversaciones entre ambos países giraron en torno a las principales preocupaciones para los gobiernos de Joseph Aoun —específicamente el respeto a sus fronteras— y Benjamin Netanyahu —los ataques de Hezbolá contra su territorio—.

Por la banda de Beirut, la apelación al "respeto" de sus límites estuvo acompañada de un compromiso con la lucha antiterrorista. De hecho, Estados Unidos se comprometió a colaborar con el refuerzo de su ejército, a fin de conseguir que pueda ejercer un control efectivo sobre todo el país. Mientras tanto, Tel Aviv incidiño en la importancia de desmantelar la milicia chií y condicionó la duración del armisticio a que esta cese en sus ataques y se disuelva.

Como impulsor de las conversaciones, Washington subrayó su "apoyo constante a ambos gobiernos" para que "ejerzan su soberanía", recalcando que cualquier acuerdo para el cese de las hostilidades "debe alcanzarse directamente entre los dos gobiernos, con la mediación de Estados Unidos, y no a través de ninguna vía paralela".

Israel seguirá atacando

Pese al acuerdo, Israel tardó menos de ocho horas en hacer su propia interpretación de los términos pactados. Su ministro de Defensa, Israel Katz, sostuvo que los ataques sobre su vecino del norte continuarán hasta que la retirada de Hezbolá de la parte sur de Líbano se haya completado y, además, dejó claro que su país mantiene "libertad de acción" para continuar con el desmantelamiento de las infraestructuras terroristas en cualquier punto de la región.

Pero además, sostuvo que el acuerdo sellado faculta al ejército israelí a permanecer sobre el terreno y a no permitir el retorno de la población desplazada, algo que no figura en el escrito remitido por la secretaría de Estado de Estados Unidos; que, en cambio, sí recoge que serán las fuerzas armadas libanesas las que deberán crear zonas piloto bajo su control exclusivo.

Críticas del gobierno de Israel

Y si el ministro de Defensa reivindicaba un acuerdo que consideraba ventajoso para su país, otra de las patas del gobierno de Netanyahu, la que lidera el ministro ultraderechista Itamar Ben Gvir, tachaba el pacto de "grave error" que devendrá en el fortalecimiento de la milicia chií.

"Hay momentos en que es necesario saber decir no, incluso al presidente de Estados Unidos, y si no lo hacemos nos encontraremos con Hezbolá la próxima vez, cuando sea mucho más fuerte y peligroso", alertó a través de sus redes sociales, para incidir en que Netanyahu debió rechazar este tipo de negociaciones. "Debió haberle dicho a Trump: Le queremos y le apreciamos, pero Israel es un estado soberano e independiente y no puede aceptar el fortalecimiento de una organización terrorista y su existencia en nuestra frontera", esgrimió, antes de reclamar que la decisión sobre el alto el fuego se someta a votación en el seno del ejecutivo israelí.

Con esta publicación, Ben Gvir, el ministro israelí que protagonizó un video humillando a los activistas de la Flotilla que habían sido detenidos, retoma su reivindicación de "dar un golpe en la mesa de Trump" de cara a emprender "una guerra masiva" contra Líbano.

Reacción de Hezbolá

Si para el presidente y el primer ministro de Líbano el acuerdo constituye una buena oportunidad para lograr la paz, especialmente en el sur del país, el secretario general del partido-milicia chií Hezbolá, Naim Qasem, ya expresó su rechazo al alto el fuego en los términos pactados y en el marco de un diálogo al que no ha sido invitado. "Nosotros no nos hemos comprometido con nadie a dejar de resistir o a dejar de responder a la agresión", sentenció en las últimas horas.

Mientras nuestros pueblos sean bombardeados y nuestra gente asesinada, los asentamientos israelíes no estarán seguros

Así es que, tras considerar la declaración firmada en Washington como "una hoja de ruta para la aniquilación de parte del pueblo libanés y la subyugación del resto", dejó claro que no asumirá ese texto y que "los asentamientos israelíes no estarán seguros" mientras siga muriendo gente en Líbano a manos del ejército del país hebreo.

Finalmente, Qasem apuntó que hacer del desarme de Hezbolá la base del acuerdo no solo significa "sembrar la división interna en Líbano en beneficio de Israel", sino también permitirle lograr por vía política lo que no consiguió mediante la guerra, y llamó a fortalecer un estado libanés bajo el liderazgo de la formación chií que encabeza.

"Última oportunidad"

Frente a esa visión, el primer ministro libanés, Nawaf Salam, defendió el acuerdo como "la vía más rápida y menos costosa" para el cese de las hostilidades, especialmente en el sur del país.

"Podríamos habernos quedados atados de manos ante una realidad y una guerra que no elegimos, y eso no se planteó ni por un momento; haber acudido a los tribunales internacionales, una opción que acarrea años (de espera) o haber recurrido al Consejo de Seguridad y presenciar bloqueos y vetos políticos mientras continúa la destrucción", ha argumentado, para incidir en que Israel debe retirarse de Líbano y los ciudadanos, volver a sus hogares.

No obstante, el ministro de Defensa del país hebreo ya ha dejado claro que ninguna de esas dos cosas sucederá.

Balance: más de 3.500 muertos

Las últimas hostilidades a gran escala de Israel contra su vecino del norte estallaron el pasado 2 de marzo, cuando Hezbolá lanzó proyectiles contra territorio israelí en represalia por el asesinato del entonces líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, en la ofensiva lanzada días antes por Israel y Estados Unidos contra la república islámica. Desde entonces, los ataques del ejército del país hebreo dejan más de 3.500 muertos y más de 10.000 heridos en suelo libanés.

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